
La falta de dinero y de soluciones creativas parece condenar a los mercados municipales a perder cada vez más clientes.
El deterioro es evidente en los mercados de Heredia centro y Cuidad Colón. Allí, entre paredes agrietadas y pasillos estrechos, el tiempo se ha detenido, ajeno a la amenaza que significan los modernos centros comerciales.
Inquilinos y clientes piden a los municipios inversiones para mejorar la infraestructura y ofrecer mejores servicios.
Pero los ayuntamientos de cantones como Orotina, Puriscal, Heredia y Ciudad Colón, no tienen dinero ni proyectos que permitan alimentar la esperanza.
Joaquín Peraza, alcalde de Orotina, se mostró dispuesto a elaborar un proyecto para modernizar el mercado con una única condición: “Siempre y cuando nos den los recursos para realizar los planes porque la Municipalidad no tiene el dinero suficiente”.
El caso más dramático es el del mercado municipal de Ciudad Colón. El 3 de marzo, el Ministerio de Salud notificó de la necesidad de un pronto desalojo a municipalidad e inquilinos.
Sin reacción
Ni siquiera la alerta que emitió un informe del Programa Integral de Mercadeo Agropecuario (PIMA) generó alguna reacción.
El estudio, realizado en 25 de los 34 mercados municipales del país, concluyó que el 90 por ciento de la infraestructura de esos edificios presenta problemas.
Además, se hallaron daños estructurales, malas condiciones sanitarias, poca variedad de productos y servicios, y precios altos.
Comerciantes y clientes de los cuatro mercados visitados por La Nación también se mostraron muy preocupados por la inseguridad y la presencia de vendedores ambulantes, y por el poco interés que muestran los gobiernos locales para encontrar una solución.
“Dicen que no hay presupuesto”, se lamentó Jorge Luis Solís, vendedor de helados.
El mal estado de las instalaciones eléctricas es uno de los problemas más graves del mercado de Heredia.
Pese a que ese establecimiento sufrió, en mayo del 2003, un grave incendio por dicha causa, los trabajos para sustituir los cables aún no han comenzado.
“Los problemas del mercado son muchos. Algunos inquilinos forran los cables en mal estado con cinta adhesiva”, afirmó Abraham Álvarez, administrador del inmueble.
Sin embargo, el municipio dice no tener dinero para financiar las mejoras del tendido eléctrico, que costarían ¢40 millones, según el director administrativo del ayuntamiento, Gustavo Mora.
Espacio y diversidad
La escasa diversidad de productos hace que muchos clientes elijan otros lugares para realizar sus compras.
Yendry Moreno afirma que suele ir al mercado de Puriscal solo a comprar carne. “Compro los otros alimentos en un supermercado, y la ropa y el calzado en otras tiendas del pueblo porque hay más variedad y la calidad es mejor”, aseveró.
Los concesionarios están preocupados por la falta de sitios cercanos para que sus clientes puedan estacionar los autos.
Un reordenamiento vial impide parquear vehículos particulares frente a esas instalaciones.
“Desde que la calle principal del mercado se demarcó como zona amarilla, se ha notado un descenso en la entrada de clientes”, aseguró Eliécer Campos, dueño de una carnicería.
De las municipalidades consultadas, San José es la única que dijo contar con un plan pues piensa invertir unos ¢300 millones para cambiar el techo del Mercado Central, restaurarle las fachadas, mejorar las aceras y el sistema eléctrico, y canalizar las aguas servidas.
Julio Vega, director administrativo del municipio josefino, afirmó que el proyecto busca mejorar la oferta y la calidad de los productos, y capacitar a los inquilinos para que den mejor atención al cliente.
El convenio para realizar las obras se firmó en el 2000, pero aún no hay fecha de arranque.