
Las carreteras nacionales se han convertido en una trampa mortal para miles de personas que circulan en sus vehículos día a día, especialmente para quienes lo hacen sin utilizar su cinturón de seguridad. Tan solo el año pasado 307 familias lloraron la pérdida de un ser querido como consecuencia de un accidente de tránsito.
Otras tantas tienen que soportar ver a sus familiares paralíticos, como vegetales, o debatiéndose entre la vida y la muerte en la cama de un hospital.
Aunque entre 1995 y 1996 el país estimó un éxito la lucha por reducir las consecuencias de estos percances con una disminución de un nueve por ciento en las muertes al volante, la eliminación de la obligatoriedad del uso de la faja dio al traste con el avance positivo, según el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT).
Estadísticas de ese Ministerio indican que en 1996 hubo 260 muertos y en 1997 se presentaron un total de 307, lo cual evidencia un aumento de un 26 por ciento.
"El problema se agudizó en el segundo semestre de 1997, coincidiendo que fue en setiembre cuando la Sala IV declaró inconstitucional la obligatoriedad del uso de la faja de seguridad. ¿Cuáles son las verdaderas dimensiones de la decisión que se tomó?", preguntó Francisco Jiménez, viceministro del MOPT.
El funcionario explicó que el dato de muertes en el sitio es un parámetro internacional que toma en cuenta las personas que fallecen en el lugar del accidente. No obstante, dijo que la cifra es mucho mayor si se toma en cuenta la cantidad de personas que son trasladadas a los centros médicos en estado de gravedad y que fallecen posteriormente.
Pero, además del incremento en las muertes, también se experimenta un aumento en la gravedad de las lesiones que presentan los pacientes.
La médica Guisel Rodríguez, jefa de internado del Albergue Temporal del Instituto Nacional de Seguros (INS) manifestó que, mientras existía la obligación de utilizar el cinturón, se presentaban personas con lesiones relativamente leves.
"Recibíamos gente con golpes, fracturas de manos o piernas, pero ahora es muy frecuente que nos lleguen pacientes con hundimiento de tórax, miembros desprendidos o traumas craneales o de la columna vertebral, que los dejan paralíticos o con pérdidas de la capacidad mental." (Véase recuadro aparte.)
¿Libertad de matarse?
Ante esta realidad, que autoridades del MOPT y médicas califican de "aterradora", se inician las gestiones para volver a imponer el uso obligatorio del cinturón del seguridad, al menos en las rutas catalogadas como de alta peligrosidad.
Entre ellas están la carretera a Limón, en la zona del Zurquí; la recta Cañas-Liberia; los 10 km antes de llegar a Pérez Zeledón; la recta a Río Claro, y la zona de Escazú.
El viceministro Jiménez, así como el ministro del MOPT, Rodoldo Silva, afirmaron que su argumento para reimplantar la medida del cinturón de seguridad es que quien no lo usa, no solo pone en peligro su vida, sino también la de otras personas.
Aducen que el Estado pierde un uno por ciento del PIB en dar atención médica y pagar incapacidades de los accidentados.
En su fallo de setiembre de 1997, la Sala justificó la decisión al decir que el usar o no el cinturón es una libertad de cada individuo. Sin embargo, el MOPT cuestiona en qué medida esa "libertad individual" permite atentar contra su vida y la de otras personas.
"Hicimos muchos esfuerzos para reducir las consecuencias de los accidentes y lo estábamos logrando, pero el fallo fue realmente un golpe bajo para la salud nacional; si bien con las campañas que hicimos se redujo el número de atropellos, lo que ahora aumentó es la muerte de conductores y acompañantes", sentenció Jiménez.
Descuidos mortales
Y es que, desde que dejó ser obligatorio el uso del cinturón, solamente un 20 por ciento de los costarricenses lo portan, de acuerdo con los estudios técnicos del MOPT. Un equipo periodístico de este medio realizó un recorrido por algunas rutas urbanas, y, de 32 conductores entrevistados, solamente 11 lo utilizaban.
Pese a que reconocen la importancia de esta medida, la mayoría de los entrevistados argumentaban que se olvidaban, que era incómodo o que solamente lo hacían en rutas largas.
"Eso no es cierto, uno puede conducir a poca velocidad, pero colisionar contra otro vehículo que viene a gran velocidad; el peligro está presente incluso cuando un auto está detenido", advirtió la médico Rodríguez.
Otro ingrediente nefasto para las graves consecuencias de los accidentes son las altas velocidades. Jiménez explicó que un choque frontal a 90 km por hora es equivalente al impacto que recibe un auto al caer de un edificio de 10 pisos.
Agregó que no solo quien viaja en la parte delantera del vehículo debe portar la faja porque pruebas científicas demuestran que los pasajeros de la parte posterior también sufren lesiones y las ocasionan.
"A 90 km por hora en una colisión de frente, el pasajero de atrás que cae sobre el conductor le ocasiona un daño igual al que produciría la caída de un elefante de edad madura."
"Uno no espera un accidente"
El domingo, 8 de febrero, Reyna Isabel Trejos, junto con su marido, su padre y un amigo, sufrió un accidente en Jacó, comunidad de la que son residentes. Ninguno de los ocupantes del vehículo accidentado usaba el cinturón de seguridad. Hoy Reyna, internada en el Albergue del Instituto Nacional de Seguros, reconoce que, si hubiera portado el cinturón, quizás se habría evitado daños mayores. Esta es su narración.
"Fue como 200 metros antes de llegar a Piedra Bruja de Jacó. Ibamos en el carro y Edgar -que iba manejando- quiso pasarle adelante a otro carro, pero el hombre no le dio campo y nos fuimos a un guindo.
"Dios mío, nos salimos de la carretera, dimos vueltas y vueltas (pausa)... parecía que no iba a parar, nosotros nos movíamos por todo el carro. Vea, yo me hice este golpe y esta herida en la cara... vieras ya no la tengo tan inflamada como antes, pero siempre me molesta; además, me quebré la pierna y tengo un golpe muy fuerte en la rodilla.
"Ahora me tienen que operar, pero me dicen que ya no me alcanza la plata de la póliza, y yo no soy asegurada; tampoco habían puesto la denuncia del accidente. ¡Diay!, estoy esperando que venga mi hermana con un papel para ver si me puedo operar porque entonces no se qué voy a hacer.
"Usted ha visto lo caro que es estar internado aquí; todavía no me operan, dicen que me faltan como 75.000 pesos porque la operación es carísima. A mi esposo, que iba conmigo en el carro, también lo tuvieron que operar del hígado. Estas cosas son terribles. Uno nunca las espera, piensa que a uno no le van a ocurrir, pero no sabe en qué momento pasan...
"Ninguno de los que íbamos andábamos cinturón; tal vez por eso es que nos golpeamos tanto, pero a uno se le olvida ponerse eso, y en ese carro que andábamos en los asientos de atrás no había cinturones. Ahora nada más nos queda esperar, no se cuánto más voy a tener que estar aquí; a mis chiquitos los está cuidando mi mamá, pero ya yo quiero verlos."