Desde que los médicos le detectaron a Karina Hernández Argüello, de 3 años, el parásito Angiostrongylus costaricensis transmitido por la babosa, la niña lleva más de cuatro meses internada y ha sido operada seis veces.
El suyo es uno de los cinco casos críticos que ha atendido el Hospital Nacional de Niños (HNN) en lo que va del año, y es un ejemplo de las complicaciones que causa este parásito, sobre todo en los intestinos.
Al año, en promedio, el HNN recibe entre 15 y 30 niños afectados. En lo que va del 2000 ya han muerto dos chiquitos.
Los pacientes provienen de zonas como San Carlos, Naranjo, Sarapiquí, Ciudad Colón, Santa Ana, Limón y Escazú.
Los médicos de ese centro están preocupados. En los últimos cinco años han notado un aumento en el número de pacientes que deben hospitalizar por la severidad de los síntomas que presentan.
Los chiquitos llegan con dolores agudos de estómago, vómitos y problemas serios para defecar.
En los casos graves, los cirujanos han debido cortar parte de los intestinos y conectar a los niños a alimentación parenteral (por vía intravenosa).
La infección con este parásito sucede cuando la gente come alimentos contaminados con la baba de ese molusco.
"Este es un problema de salud pública al cual no se le ha dado la suficiente importancia. Es necesaria una campaña de educación para que la gente sepa cómo prevenirlo", explicó la infectóloga del HNN, María Luisa Ávila.
El parásito de la babosa fue descrito, por primera vez, por los científicos ticos costarricenses Pedro Morera y Rodolfo Céspedes, en 1967.
Aunque no hay registros sobre el número de casos que se presentan en todo el país, un estudio de julio de 1998 a enero del 2000 con 72 pacientes del HNN referidos por eosinofilia (prueba de sangre que sirve como indicador de procesos alérgicos y parasitarios), concluyó que el 29 por ciento presentaba el parásito Angiostrongylus costaricensis .
Más complicados
Los pacientes infectados llegan, por lo general, con dolores de estómago tan agudos que se confunden con una apendicitis.
"Cuando los médicos abren, se dan cuenta que parte del intestino está destruido", explicó Ávila.
Este es uno de los principales problemas que causa el A. costaricensis.
"El parásito se mete en los vasos que llevan oxígeno a los intestinos, y produce reacciones inflamatorias que cortan el paso de la sangre. Entonces, el tejido del intestino muere", explicó el cirujano pediatra Yuri Navarro.
Así le pasó a Karina y a Mauricio Hidalgo Hernández, de 8 años. Ambos convalecen en el hospital de Niños. (Vea recuadro aparte).
Desgraciadamente, aún no se tiene cura conocida para los daños que causa el parásito de la babosa.
Por ahora, los médicos solo tratan de controlar el avance de la infección, y eliminan quirúrgicamente los tejidos muertos.
La infectóloga Ávila recomienda las siguientes medidas, que no solo van dirigidas a los niños sino a los adultos, quienes también pueden resultar infectados:
No ingiera alimentos sin antes lavarlos bien.
Limpie bien los sitios donde usualmente viven las babosas: cafetales, charrales y lugares húmedos.
Si en la casa ve rastros de babosa, límpielos con cloro.
Es preferible que le eche a las ensaladas vinagre y limón, sobre todo a aquellas preparadas con lechuga, repollo o berros.
También es importante hacer un chequeo médico anual a los niños, que incluya un examen de sangre, y pruebas de heces y orina.