Cuando se percató de la emergencia, lo único que el piloto salvadoreño Roberto González acató a hacer fue levantar "la nariz" de la aeronave, bajar la velocidad y dejarla que cayera "de panza" sobre los árboles más frondosos que vio al frente.
Para él y su acompañante, Teti Gómez, esta maniobra, conocida por su denominación en inglés como stall , fue la que les salvó la vida a ambos.
"A 200 pies (60 metros) de altura no podía virar ni a mi derecha ni a la izquierda porque chocaba con casas o cables de electricidad, así que los árboles nos salvaron", dijo el capitán en la sala de emergencias del hospital México.
También alertó sobre la necesidad de modificar el cableado eléctrico que hay al sur de la pista del Tobías Bolaños, en Pavas, pues considera que es un riesgo para otras aeronaves.
El médico que los atendió en este centro hospitalario, Jorge Gutiérrez, dijo que el piloto apenas tenía un pequeño raspón en la mano derecha y la joven un golpe en el codo izquierdo.
"Es sorprendente que con lo aparatoso del accidente no les pasara nada", comentó.
Otros sustos
Para Roberto González este no es su primer accidente de aviación, pero sí el primero que sufre en Costa Rica. Ya había despegado del Tobías Bolaños en otras seis ocasiones.
Este piloto de la empresa salvadoreña de aviación Dargonza tiene 30 años de experiencia, 2.500 horas de vuelo y otros cuatro accidentes en su historial.
Ayer era el encargado de llevar la aeronave monomotor a El Salvador.
Tardaría en promedio cinco horas y media, con una parada para cargar combustible en Managua, Nicaragua.
No obstante, el vuelo apenas duró unos minutos.
La instructora de aviación que lo acompañaba reconoció que al principio no entendía qué estaba sucediendo.
"Creo que todo pasó como en minuto y medio. En ese momento lo único que hice fue pensar en mi familia y empezar a rezar. Es la primera vez que tengo un accidente", dijo Teti Gómez.