Conmovedor y dramático. Así fue el testimonio de Ana Lucía Bravo, madre del niño que fue sustraído de su casa y días después apareció sin vida.
De acuerdo con lo narrado por la mujer en el primer día de juicio, su hijo Osvaldo Faubricio Madrigal, de 4 años, guardaba cariño al hombre que, al parecer, inició su mortal sustracción el 4 de julio del año anterior, en San Miguel de Desamparados.
El hombre al cual se refirió Bravo durante la comparecencia es hoy uno de los dos acusados por el robo del menor.
“Siempre que lo veía (al hombre) se iba para la casa y me decía que si tenía galletas y refresco para su amiguito, porque él lo veía como su amigo”, narró, entre lágrimas, la madre.
Mientras la madre hacía el relato, el acusado Wílberth Agüero Cascante solo atinaba a sostenerse la cabeza con ambas manos.
El otro acusado, Wílliam Valverde Rivera, siguió con atención la declaración pues en algunos momentos fue aludido y acusado.
Supuestamente, él conducía el taxi en que Agüero subió al menor para trasladarlo a una casa de Pavas, San José.
El engaño
De acuerdo con las palabras de la madre, el “amiguito” de su hijo aprovechó la confianza que se le tenía para sacarlo de la casa con el timo de llevarlo a comprar confites.
Las palabras de Ana Lucía Bravo estuvieron cargadas de dolor por la desaparición y muerte de su pequeño Osvaldo.
“Me encerraba en el cuarto para pedirle a Dios que me lo devolviera aunque fuera muerto, quería ver a mi bebé, pero nunca más pude”, expresó la madre.
Antes de este testimonio se recibió la declaración de la madre de Agüero, cuya identidad no trascendió.
En ese momento la fiscal Marjorie Valenciano se empeñó más en probar una inadecuada acción policial que la propia sustracción.