Superar las filas de Migración, los controles sanitarios del MAG y la revisión de Aduanas es muchas veces el peor martirio para los pasajeros que utilizan el aeropuerto Juan Santamaría.
El Sindicato de Empleados de Hacienda asegura que la culpa de las largas filas es del Ministerio de Agricultura (MAG) por obligar a todos los viajeros a pasar sus valijas por equipos de rayos X, aunque no traigan plantas, comestibles o medicinas de riesgo.
En la otra acera, los encargados del control fitosanitario del MAG se defienden al decir que la revisión es indispensable para evitar el ingreso de plagas. Y alegan que el trámite se hace más lento cuando el aforador de Aduanas también decide abrir el equipaje.
Todo ello ocurre en un espacio reducido, con poco personal y en horas saturadas de vuelos.
El resultado es que los pasajeros, cansados y agobiados, tardan 90 minutos o más en un trámite que deberían resolver a lo sumo en tres cuartos de hora.
La experiencia fue corroborada por un equipo de La Nación, que visitó el aeropuerto el miércoles anterior entre las 7 p. m. y las 10 p. m., lapso en que aterrizan 10 aviones.
Cuello de botella. Luis Cordero, secretario de prensa del Sindicato de Empleados de Hacienda, insiste en que las máquinas de rayos X del MAG provocan el cuello de botella, "porque revisan persona por persona, valija por valija, así traiga 10 valijas, por si vienen con una plaga, comestibles o medicamentos".
El sindicalista cree que la salida de pasajeros sería más ágil si la revisión fuera aleatoria.
José Alberto Martínez, director de Aduanas, cree que la queja del sindicato es válida porque lo normal en otros aeropuertos del mundo es que los equipos de rayos X no están a la vista de los pasajeros.
"Cada viajero pasa por la revisión de la máquina y cree que ya puede salir del aeropuerto con su equipaje, y en eso se encuentra con el aforador de aduanas, que también lo está esperando; es como una doble revisión que provoca molestias. No es un buen mensaje para los turistas", reconoció Martínez.
Para el sindicalista Cordero, tampoco es lógico que haya máquinas en todas las líneas de salida, si se supone que hay filas diferenciadas para aquellos pasajeros que viajan solo con su ropa y no tienen bienes que declarar.
Negativa. Pero el viceministro de Agricultura, Wálter Ruiz, alegó que las máquinas seguirán revisando a todos los pasajeros sin discriminar, para garantizar que no ingrese al país el virus de la gripe aviaria o la enfermedad de las "vacas locas".
El jerarca más bien alegó que el problema nace cuando los aforadores deciden abrir equipajes, porque se satura el espacio y las filas no avanzan. Ruiz sí se mostró anuente a buscar un espacio más amplio para colocar los equipos.
No obstante, hay que considerar que la remodelación de la terminal Santamaría está paralizada desde marzo del 2003. Desde entonces el Gobierno y el gestor del aeropuerto -Alterra Partners- no han logrado ponerse de acuerdo en un plan de equilibrio de las finanzas del proyecto, para reiniciar las obras.
Mónica Nágel, directora ejecutiva de Alterra, dijo que invirtieron ¢100 millones en las últimas semanas en ampliar pasillos y contratar más personal, para dar mayor comodidad a los pasajeros.