20 septiembre, 1998

Frontera norte. El peligro está latente. Cualquier error o paso en falso podría acabar con la vida de una o más personas, pero eso no detiene a quienes deben caminar por los campos minados -que existen en esta región- en busca de los 5.000 explosivos que están allí ocultos, bajo tierra.

Lentamente y con la vista siempre dirigida hacia el suelo, 37 zapadores del Ministerio de Seguridad Pública, asesorados por la Organización de Estados Americanos (OEA), recorren -a diario- los bordes de la frontera con Nicaragua.

Su misión: detectar y destruir todas las minas antipersonales que fueron "sembradas" en suelo tico, durante la década anterior, por guerrilleros que luchaban contra el régimen sandinista de Managua. Hasta ayer habían sido destruidas 64.

Los zapadores viven en tiendas de campaña en Tiricias de Pocosol, San Carlos, a la orilla del río San Juan. Desde allí planean las labores de limpieza que realizarán, mientras se alimentan con peces o langostinos que toman del propio río.

Vestidos de fatiga, con un pesado casco y una indumentaria única para minimizar cualquier lesión por una posible detonación, se internan en las montañas de la zona norte con un equipo especial que hallará cualquier explosivo enterrado entre la maleza.

De acuerdo con datos suministrados por los encargados del desminado en Costa Rica, el proyecto cuesta semestralmente cerca de ¢67 millones, debido a la gran cantidad de material que ocupan.

La riesgosa labor está dividida en tres partes. El primero en entrar en acción es el encargado de detectarlas, quien junto a otra persona lleva en sus manos un rastreador de metales. Sus pasos deben ser precavidos para no pisar una mina.

Una vez que el equipo indica la presencia de un objeto metálico en determinado lugar, ingresa otro de los zapadores, cuya labor será limpiar cuidadosamente el área para ubicar el explosivo. Solo este trabajo tarda cerca de 40 minutos.

Cuando localiza el explosivo, marca el sitio exacto con una banderilla y una equis para que los hombres que se encargan de destruirla pongan las cargas de dinamita a los lados.

"Fuego a la carga, fuego a la carga, fuego a la carga... ", gritan para advertir a los demás sobre la explosión. Tres segundos después, se escucha una fuerte detonación que estremece los cuerpos de quienes están a 150 metros de distancia.

Los equipos que utilizan los zapadores son donados por el Gobierno de Estados Unidos y la OEA, entidad que desde 1996 empezó a trabajar en Costa Rica en favor del desminado.

Largo trabajo

La labor que realiza la Unidad de Zapadores -integrada por policías de los comandos de Los Chiles, Upala, Atlántico y San Carlos y por oficiales de la Policía Especial de Apoyo (PEA)- es larga no solo por el área que deben "barrer", sino también por el tiempo que tardarán en destruir las 5.000 minas plantadas en Costa Rica.

De acuerdo con el oficial coordinador de la Misión de Asistencia para la Remoción de Minas en Centroamérica (Marminca) en nuestro país, Josman Castillo, los análisis que ha realizado señalan que a principios del próximo siglo el trabajo estará en su fase final.

Por su parte, José Pizarro, jefe de la Unidad de Zapadores, declaró que el área que deberán limpiar a lo largo del cordón fronterizo está compuesta por 178 kilómetros. Por día, rastrean unos 390 metros cuadrados.

A parte de la destrucción de los explosivos, este grupo también se dedica a educar a la población y a alertarla. Ellos consideran que aquí se ha tenido mucha suerte por las pocas víctimas (seis muertos -dos en San Isidro de Pocosol y cuatro en Upala- y otras seis con serias lesiones).

Según las autoridades, si Nicaragua colaborara con entregar algunos mapas en los que se establecen los lugares donde se ocultaron las minas, la misión sería más rápida, pero esto aún no ha sido posible.

Las zonas que han sido marcadas por los zapadores como campos minados son aquellas en las cuales se han encontrado explosivos u otro tipo de desecho que está relacionado con esa actividad.

En la mayoría de los casos, las minas fueron "sembradas" a la orilla de la frontera, aunque en otros se hallaron hasta 300 metros dentro del territorio nacional.

Prohibido equivocarse

"Como zapador, no hay derecho a equivocarse", afirmó José Pizarro, quien junto a otros oficiales de la Fuerza Pública fue entrenado para manipular explosivos.

Por este motivo, tratan de que el grupo sea disciplinado a la hora de trabajar, pues un momento de desconcentración podría ser mortal. El cuidado es la principal herramienta y arma de estos policías.

Hasta el momento, entre las víctimas no se encuentra ninguno de los zapadores, sino solo particulares. Actualmente, no cuentan con un helicóptero para atender una emergencia médica, lo cual les dificulta sus labores.

En el resto de Centroamérica el proyecto también avanza satisfactoriamente. Solo en Nicaragua, el país más afectado por este enemigo oculto, han destruido más de 26.000 minas en cuatro años, de las 90.000 que se calculaban.

Desde que la OEA inició las labores de desminado en el istmo, alrededor de 28.000 explosivos han sido desactivados, lo que ha implicado un gasto de unos $6 millones (¢1.578 millones).

Tanto Honduras como Costa Rica han sido las víctimas indirectas de las guerras civiles que ocurrieron en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, las cuales dejaron el trágico legado de las minas antipersonales.