
El premio Teodorico Quirós, que otorga cada tres años el Museo de Arte Costarricense, tomó por sorpresa a Lola Fernández, artista veterana que afirma que su pintura no ha seguido normas ni modas.
“Uno pinta lo que más lo impresiona, lo que lo toca directamente o a su entorno. No es algo gratuito; uno no pinta por pintar o por presentarse a un concurso o actividad”, dijo esta mujer que nació en Cartagena (Colombia) en 1926.
Fernández, quien vive una parte del año en Costa Rica y la otra en Ginebra, es una de las maestras más influyentes en el arte costarricense durante el siglo XX.
Todos los textos de historia del arte recuerdan que ella, Manuel de la Cruz González y Rafael Felo García introdujeron el arte abstracto a Costa Rica en 1958, lo cual revolucionó el ambiente artístico y cambió la mentalidad del público.
A pesar de esto y de los reconocimientos que ha recibido –entre ellos, el premio Magón– , ella dice con humildad que su pintura es “digna”. “Yo no me creo la gran pintora. Creo que he hecho una pintura digna”, expresó.
Para ella, el arte es belleza, es trascendencia, es creatividad y es trabajo. De hecho, este año trabajó mucho un mural de 68 metros de largo, ubicado frente al Gimnasio Nacional.
Y no para: actualmente, ella pinta una serie de cuadros en blanco y negro con personajes surgidos de sus dibujos.
