Desde que Lincos llegó a San Marcos de Tarrazú, la organización comunal ha mejorado, los problemas sociales disminuyeron, la imagen pública del pueblo es más favorable y los jóvenes y niños muestran un renovado entusiasmo por el estudio y el aprendizaje.
El proyecto lleva solo un año de vida y sus encargados alegan que los mayores beneficios vendrán con los años. Pero los vecinos de la comunidad de El Rodeo, donde está asentado, afirman que los frutos ya se cosechan.
"A los niños les sirve montones en la escuela. Se ven más felices e interesados en las clases porque saben que luego van al furgón a seguir con las tareas", explicó Károl Granados Jiménez, madre de una niña beneficiada.
María Elena Morales, quien además de asistir al proyecto es madre de un niño de ocho años que también participa, aseguró que la iniciativa está generando cambios positivos.
"Los niños y jóvenes ya no desperdician el tiempo en otras cosas, prefieren irse al furgón; además, el barrio tiene mejor ambiente y todos estamos más contentos y satisfechos", comentó.
Contenedor inteligente
Las Pequeñas Comunidades Inteligentes (Lincos, por sus siglas en inglés) consisten en un contenedor de transporte acondicionado con cámaras digitales, enlace satelital, telefonía inalámbrica, televisor, fax, videoconferencia, paneles solares, Internet y computadoras, entre otros adelantos tecnológicos.
El programa va dirigido a los habitantes alejados geográficamente de las ventajas de las zonas urbanas. En este caso, el proyecto cubre a la región cafetalera de Los Santos cantones de Dota, Tarrazú y León Cortés, provincia de San José, pero ya hay otro instalado en San Joaquín de Cutris, cantón alajuelense de San Carlos. (Vea reacuadro).
Cada contenedor cuesta $85.000 (unos ¢27,3 millones). El invento es todo de factura nacional; en su desarrollo intervienen el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), el Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITCR) y la Fundación Costa Rica para el Desarrollo Sostenible (Entebbe), del expresidente José María Figueres.
Karen Godínez Mora, vecina de San Marcos y una de las cinco encargadas de atender a los usuarios del contenedor, afirmó que la gente le ha perdido el miedo a las computadoras.
"La gente aprovecha Internet con información sobre salud, plagas y enfermedades de los cultivos. También para comunicarse con familiares en el exterior", aseveró.
En promedio, añadió, reciben 70 visitantes al día, de 7 a. m. a 8 p. m.
Allí los instruyen en el manejo del equipo: desde el nivel más básico (qué es una computadora) hasta talleres donde los niños aprenden, por ejemplo, a programar animaciones para dibujos, importar vídeos, descargar imágenes de Internet y familiarizarse con las herramientas del Lincos.
Autoestima comunal
Rosario Godínez Porras, presidenta de la Asociación Lincos-Los Santos, comentó que esta iniciativa ha unido a la comunidad en pos de mejores opciones.
"Cooperativas, municipalidades, el banco, la empresa privada . . . todos se han esforzado por crear mejores condiciones y esto no solo nos ha unido, sino que ahora son menos los problemas sociales de la zona", explicó.
No obstante, reconoció que falta más apoyo económico e interés de más personas de trabajar para Lincos.
Por su parte, Elsa Vega Sánchez, madre de un joven de 20 años, otro de cinco y abuela de una niña que asisten al contenedor, dijo que la comunidad se ha organizado para cuidar más el Lincos, pues nunca hubiera podido pagar un servicio de ese tipo.