Limón. Pequeñito, pero sabroso. Unos 100 niños fueron suficientes para ponerle color, música, lentejuelas y plumas a las calles limonenses en lo que ayer fue el primer desfile infantil de los carnavales de ese puerto del Caribe.
No eran niños mezclados con los adultos, casi a manera de "graciosos adornos", como ha sucedido en los tradicionales desfiles de estas fiestas; eran niños tomando las calles: las lenguas de asfalto para ellos y con infantes como observadores desde las aceras.
Una comparsa completa con sus bailarinas y su banda azota tambores, un grupo de disfraces, un buen puñado de niños en una carroza, payasos, bufones, zanqueros y una mascarada, con sus siempre presentes gigantas, fueron los protagonistas de este carnavalito.
El cielo se portó bien con los pequeños. En Limón llovió desde temprano, pero para las 3:30 p. m., cuando arrancó el desfile, las nubes estaban grises, pero secas.
Once cuadritas
Desde la bomba Danny Hayling comenzaron a caminar los protagonistas. Al paso de varios diablos carota rosada, como en buena mascarada, jóvenes y niños corrían en masa gritando y riendo.
"Tumbacocos" con locutores animando por altoparlantes precedían a la única carroza: un camión cargado de niños que saludan de vez en cuando, y con una gran vaca Lula colgando detrás.
Eran los últimos en la fila, pero los primeros en presencia. Un grupo de 50 alumnos de la escuela unidocente Río Victoria, del distrito de Río Blanco, hicieron sonar sus tambores y pusieron la música festiva en las calles.
Las niñas, vestidas cual palmeritas ambulantes, bailaban y hacían piruetas al ritmo que sus compañeros imponían. Hasta el pequeño Jordy Molina de tres años y medio iba con un tambor con estampas de osito tocando con la banda de la escuela.
Ana López, de 12 años, fue la prueba bailable del esfuerzo: la artritis juvenil que padece no le impidió cumplir su sueño de aparecer en el desfile.
Los de Río Victoria tuvieron que hacer un viaje de más de media hora para llegar al carnaval. "Esta es una forma de vivir algo que no pudimos siendo pequeños", dijo Arturo Arias, director artístico de estos niños.
"Somos hermanos y nos amamos" fue el lema de un grupo de niños que con coloridos disfraces representaron a los grupos étnicos que habitan en Limón. Unos iban vestidos de cazadores, otros representaban a Nigeria y Suráfrica. Con un colorido traje de plumas amarillas Rachel Álvarez emulaba a los negros que se quedaron en Brasil, mientras que Fabiola y Bianca Redondo, de 8 y 11 años, con brillantes quimonos recreaban la sangre oriental.
En medio de los niños, bufones y payasos saltaban. El Grupo Artístico de Guácimo en altos zancos manipulaba los trajes elaborados por el colombiano Édgar Rúa y que imitaban a un indígena, a un afroamericano y a un chino.
Unas 11 cuadras caminó el carnavalito. El desfile acabó unos minutos después de las 5 p. m., en el parque Vargas.
Los niños desfilaron para ser vistos y aplaudidos. No recibirán premios en dinero, pero mañana les darán un reconocimiento.
Hoy es el turno para los más grandes. El tradicional carnaval está previsto para las 2 p. m.