" Mmmm...”, “Eeee...”, “Llll...” Con cierta timidez, pero voz firme, Melvin Acuña Fallas, de 8 años, reproducía el sonido de las letras que conforman su nombre, letras que apenas un par de semanas atrás no lograba reconocer.
Sin embargo, gracias al trabajo de una promotora de lectura, este niño, vecino de El Yas de Paraíso, de Cartago, hizo amistad con las vocales y las consonantes, que a su vez, se fueron transformando en sílabas y palabras.
Ello ocurrió en el club de lectura que se desarrolla en la biblioteca pública Mario Sancho, en el centro de Cartago, como parte del programa Leamos con Zurquí, de La Nación.
Aunque este club, al igual que otros 36 en todo el país, pretende que el total de 2.100 niños participantes aprendan a disfrutar de la lectura, el caso de Melvin fue la excepción pues había reprobado primer grado y no contaba con los conocimientos básicos.
"La bibliotecaria acudió a nosotras (las promotoras) porque no sabía qué hacer. Al hacerme cargo del caso, apliqué una estrategia conocida como `alfabetización del nombre propio' que consiste en usar el nombre del niño para familiarizarlo con las letras y sus sonidos", explicó la promotora Marcela Segura.
Así, durante tres semanas, Melvin y su maestra temporal trabajaron intensamente en esa tarea. El resultado: un cuaderno lleno de vocales, consonantes, sílabas y palabras escritas con lápiz por el niño, que su madre, doña Marielena Fallas, muestra con orgullo.
"Yo estoy tan contenta porque él ha aprendido mucho y le gusta. Solo espero que en clases no dé el brazo a torcer y siga adelante", manifestó esta señora que, cada lunes, miércoles y viernes, tomaba el bus desde El Yas hacia Cartago para que sus hijos (Melvin y Diego Armando, de 10 años) acudieran puntualmente al club.
"Como somos de escasos recursos y mi esposo no tiene trabajo, mi hermana y mi cuñado nos ayudan con los pases del bus. Yo le dije a Melvin: `Si usted aprende, yo me sacrifico'", agregó.
Aunque el programa de Melvin varió con respecto al de los demás niños del club, el entusiasmo con que recibieron ayer a Juan el Cuentacuentos y al conejo Leo -mascota de Zurquí- fue el mismo. Cantaron, aplaudieron y rieron, mientras doña Marielena hacía votos para que el club se repita el próximo año.