Hace 2.500 años, los habitantes del territorio que actualmente es Costa Rica se dedicaban a la agricultura.
Estaban organizados según una jerarquía, eran mayoritariamente sedentarios y machacaban su comida con metates o instrumentos de piedra.
¿De dónde vinieron y hace cuánto tiempo llegaron a este territorio? No se sabe con certeza. El arqueólogo Juan Vicente Guerrero, del Museo Nacional, dijo que el asunto aún es tema de discusión.
Sin embargo, los arqueólogos presumen que los primeros hombres llegaron 8.000 ó 10.000 años atrás.
Son, probablemente, el resultado del cruce de culturas de Mesoamérica (de México a Nicoya) y Suramérica.
Los especialistas consideran que esta parte del istmo era un punto de confluencia de diferentes grupos precolombinos.
El Museo Nacional reveló anteayer que la evidencia más antigua de individuos inhumados o enterrados en Costa Rica datan del año 500 antes de Cristo.
Durante casi 2.500 años, los cuerpos de por lo menos 30 personas estuvieron sepultados en un manglar en Lepanto, Puntarenas.
Esta parte del golfo de Nicoya es rica en hallazgos indígenas. El Museo Nacional ya ha identificado por lo menos 78 sitios más, algunos de ellos en las islas cercanas, como Venado o Bejuco, por ejemplo.
Las primeras excavaciones en el sitio denominado La Regla en Lepanto se iniciaron en 1989. Un año después, los arqueólogos ya habían identificado 28 cuerpos.
Curioso cementerio
Lo más interesante del hallazgo es que se trata de cuerpos enterrados mucho tiempo después de que la persona moría.
Según explicó uno de los investigadores, Juan Vicente Guerrero, se les denomina entierros secundarios, pues los indígenas primero esperaban que el cuerpo se descompusiera por completo, para luego enterrarlo.
Una vez que la persona fallecía la trasladaban a un rancho o casa alejada del poblado y ahí la dejaban durante unos 12 meses, hasta que el cuerpo perdiera todos sus líquidos.
Posteriormente, el chamán o el experto en ritos funerarios limpiaba los huesos de cualquier tejido restante y los acomodaba en fardos o "paquetes", para enterrarlos.
Los indígenas preparaban grandes hilachas o "lienzos" de corteza de mangle u otros árboles y dentro de este producto machacado ponían los huesos.
Las piezas más largas, como el fémur, se colocaban a los lados y en el centro de ponía la cabeza con la vista hacia arriba, las caderas, las costillas y el resto de la estructura ósea.
Luego se amarraban con la corteza y se enterraban.
El pigmento del mangle le dio a los huesos un llamativo color rojizo, muy similar al de la madera oscura.
El sistema de entierro tipo paquete se ha descubierto también en Cañas, Guanacaste. Es típico de las poblaciones amerindias de Ecuador, dijo el arqueólogo Federico Solano.
El cementerio descubierto esta dentro de un manglar que permanece bajo el agua la mayor parte del tiempo.
Muchos de los huesos están compactados por un cemento natural derivado de las sustancias químicas presentes en el lodo. Además, gran cantidad de conchitas pulverizadas y moluscos estaban adheridas al hueso.
Los arqueólogos trabajaban muy pocas horas al día, pues dependían de la marea para laborar sobre el suelo húmedo.
Junto a los cuerpos se encontraron muy pocos artículos u ofrendas funerarias.
No obstante, una pequeña pieza de jade, en forma de ave, demostró que uno de los cadáveres probablemente pertenecía a una familia de un rango superior. Esta piedra verde es considerada aún en nuestros días, una pieza semipreciosa.
De igual forma, se sabe que estos hombres prehispánicos eran agricultores. Un metate con soportes cilíndricos largos evidencia que los indígenas maceraban semillas u otros alimentos contra la piedra.
¿Cómo eran?
Este descubrimiento también le permitió a los arqueólogos y a los antropólogos describir a esos indígenas costarricenses.
Por lo general eran bajitos; los hombres tenían una estatura promedio de 1,61 metros y las mujeres medían 10 centímetros menos.
No tenían una vida larga. De los 28 cuerpos descubiertos, solo uno habría superado los 40 años. La edad promedio al momento de la muerte rondaba entre 25 y 30 años.
Muchas de las herramientas encontradas en el territorio de lo que hoy es Costa Rica pertenecen a culturas diferentes, de Norteamérica y Suramérica.
"Este cementerio nos permitirá identificar cómo eran nuestros antepasados. Lo cierto es que somos una mezcla de culturas", puntualizó Guerrero.