
El vestido que usará la Virgen de los Ángeles desde este 1.° de agosto y por el próximo año tiene una historia especial.
En esta oportunidad, la elección del vestido correspondía a la Diócesis de Ciudad Quesada con motivo de su 30 aniversario. De ahí que desde el pasado 6 de mayo esa representación haya invitado a la comunidad feligresa a participar de la confección del atuendo.
En total, recibieron 18 propuestas y cinco fueron seleccionadas para llegar este sábado hasta los pies de la Negrita.

Familia unida
El traje elegido fue confeccionado por Ilse María Gutiérrez Acuña, una costurera vecina de la filial Los Chiles de Aguas Zarcas, quien viajó para estar presente en la ceremonia.
“El diseño consiste en una familia católica que reza unida el rosario y vive su vida con esperanza y confiando en que la mano de Dios que los sostiene en su caminar de cada día y piden por el mundo”, contó.
Según dijo, la petición es por Costa Rica “para que no perdamos la fe y el amor por María”.
El vestido se confeccionó en satín bridal blanco y encajes de guipiur. Los detalles son elementos de la zona y de la Diócesis.
“Estoy muy feliz y agradecida por la oportunidad de ofrecerle este trabajo a la Virgen. Resalto la familia porque es crucial la oración para conectar con María y el rezo del rosario”, comentó.
Ella contó que tardó cuatro días en discutir y definir el diseño, más de un mes en el proceso de bordado y dos días en la confección.
Tras conocer que su diseño fue el elegido, la vecina de Aguas Zarcas no pudo contener su emoción.
“Me alegra que el Señor ha mirado la pequeñez porque nuestra filial es un pueblo pequeñito, los hermanos estaban emocionados con la posibilidad de que fuera a quedar; estamos emocionados de que quedara un vestidito de esa zona y esa filial, es una gran alegría que María se fijara y también por el nombre María Madre y Reina protege nuestras familias, pienso que Ella nos abraza y protege a las familias de nuestro país, especialmente a mi familia”, agregó.
¿Qué pasará con los otros vestidos elegidos?
Los otros cuatro vestidos, que fueron enviados y no resultaron seleccionados, serán conservados como exvotos.
Ana Rosa Irigoyen, quien es vecina de Cedral de Ciudad Quesada, contó que siempre había tenido el deseo de confeccionar un atuendo para la Virgen.
“Solo confeccioné uno, el diseño es la Sagrada Familia junto a un paisaje de nuestra región Huetar Norte, los materiales son raso de novia, tafetán, entretela y encaje de guipur. La familia representa la Sagrada Familia, el volcán simboliza la fuerza, la ganadería el trabajo constante, la flora la abundancia de bendiciones, las mariposas la capacidad de transformación y el río representa el camino de la vida que continúa avanzando a pesar de los obstáculo”, detalló.
Mientras que Patricia Cascante tuvo el privilegio de que dos de las piezas que presentó fueron llevadas hasta la Basílica.
La costurera de Ciudad Quesada contó que lo hizo en agradecimiento por la intercesión de la Virgen en la sanación de uno de sus nietos y por eso había hecho tres diseños: uno por cada nieto.
“Los diseños representan las riquezas con que Dios ha bendecido a San Carlos y la fe en Dios y las oportunidades de trabajo como es el volcán donde muchas personas encuentran dónde ganarse el sustento”, dijo.
El quinto atuendo fue el elaborado por Shirley Pérez Acuña, vecina del barrio Maracaná, en Ciudad Quesada.
Ella contó que tras años de intentar convertirse en padres, ella y su esposo tomaron la decisión de adoptar a un niño. Ese deseo les fue concedido y hoy son padres de dos pequeños que según dice fueron la respuesta a sus oraciones. De ahí que el vestido fue un regalo de agradecimiento.
“El vestidito se enfoca en resaltar la protección que ha recibido nuestra familia, además el corteza amarillo resalta la belleza natural de la zona norte. Utilicé tela raso de novia, encaje y pedrería y diseño en sublimación al frente el logo de la Diócesis de Ciudad Quesada, a los costados árbol de corteza amarillo que simboliza toda la belleza natural con la que contamos y el colorido que da a nuestros paisajes cuando florece”.
La misa durante la cual se llevó a cabo la ceremonia de vestición estuvo a cargo de la Diócesis de Ciudad Quesada, dirigida por monseñor José Manuel Garita Herrera.

En su mensaje Garita agradeció la oportunidad de llevar a cabo esta tradición y la responsabilidad de seleccionar el vestido que usará por un año la Virgen de los Ángeles.
“Sabemos que María no mira el valor material de nuestras ofrendas, sino el amor con que las presentamos. Por eso, sentimos que, a través de este gesto, toda nuestra diócesis deposita a los pies de la Negrita su gratitud, sus alegrías, sus preocupaciones y la esperanza de nuestro pueblo. Nos sentimos filialmente acogidos y abrazados por su vestido y manto maternal”, agregó.
Nueve romerías
Como parte de la devoción que marcó la jornada, también las historias de los romeros abundaron en fidelidad a la Virgen de los Ángeles.
María de los Ángeles Obando Arroyo cumplió este año su novena romería consecutiva desde su casa en San Cristóbal Norte de Desamparados hasta la Basílica de los Ángeles.
Acompañada por familiares y una amiga, recorrió la ruta hacia Pérez Zeledón por la carretera Interamericana, un trayecto que, según contó, toma entre cinco y seis horas y que considera peligroso por la falta de infraestructura peatonal.
En esta ocasión caminó para pedir por la conversión de sus hijos, la unión de las familias y en memoria de su hija Naizeth, fallecida hace tres años en un accidente de tránsito en el que ella y otro de sus hijos sobrevivieron.
“Sé que aún camina a mi lado en cada paso de fe que doy”, expresó.
Desde Pérez Zeledón también llegó a Cartago la familia de Fabián Fallas, que recorrió el camino acompañada por una réplica de la imagen de la Virgen de los Ángeles.
Fallas, su esposa Gabriela Mora y sus hijos Mathew y Lucas salieron el miércoles a las 4 a. m. como parte de la comisión organizadora de la romería generaleña.
Explicó que la imagen permanece un mes en el hogar de cada integrante de la comisión durante el año y que para ellos representa una bendición llevarla durante toda la peregrinación hacia la Basílica.
