En México es una figura intocable, pero en Costa Rica es una sombra tangible.
El multimillonario empresario y político mexicano Carlos Hank González es uno de los personajes más cuestionados de la actualidad mexicana, y hasta ahora su influencia en Costa Rica había pasado casi inadvertida.
Esto fue así hasta que trascendió la invitación hecha a cuatro de los máximos dirigentes del Partido Unidad Social Cristiana, a pasar un fin de semana en su hacienda en Santiago Tianguistenco, México, justo cuando la campaña electoral costarricense comienza a calentar.
Hank, investigado por lavado de dólares en Estados Unidos, según The Washington Post, fue el anfitrión del aspirante presidencial socialcristiano, Miguel Angel Rodríguez, del expresidente Rafael Angel Calderón y de los exministros de ese gobierno, Rolando Laclé y Roberto Rojas. Ellos se reunieron en Toluca con otros 14 grandes empresarios mexicanos entre el 18 y el 20 de mayo.
Aunque los implicados alegaron que pretendían atraer inversiones al país, la noticia causó el más importante sismo político nacional en los últimos años, inauguró extraoficialmente la campaña electoral, significó un estimulante para la convención liberacionista y dio un golpe sin precedentes al esfuerzo electoral de Rodríguez.
Y durante los últimos siete días el escándalo superó con creces, en intensidad y continuidad, los tres días que algunos auguraban al sobresalto ciudadano. Sus repercusiones trascendieron los partidos políticos para llegar hasta las relaciones diplomáticas, la legislación electoral y las amenazas legales entre dirigentes políticos.
Pero la revelación permitió ir más allá. Hank, exfuncionario público que acumula una fortuna de $1.300 millones, tiene importantes intereses económicos en Costa Rica. Su familia es accionista de la empresa Trituradores Basálticos S.A, que participaría en la rehabilitación de la autopista Bernardo Soto, y posee importantes inversiones en plantaciones de piña.
Rafael Angel Calderón reconoció una vieja amistad con el magnate mexicano y asumió la responsabilidad de haber llevado a Rodríguez a la cita. A pesar de los múltiples cuestionamientos, defendió a Hank por su inteligencia, su don de gentes y su amor hacia sus hijos, esposa y nietos.
Rodríguez quiso desmarcarse. Reconoció el error de haber estado en esa reunión, admitió haber oído referencias de Hank por corrupción, pero no por narcotráfico y aseguró que tan solo lo había conocido en noviembre anterior en una cena en San José.
Pero la profundidad de las vinculaciones de Hank en Costa Rica siguen descubriendo tantas interrogantes como los alcances de las investigaciones internacionales contra él.