Cuando Eva cumplió 15 años, ya tenía siete meses de embarazo. Así es que no hubo fiesta porque todos en su familia estaban muy enojados.
Ahora, con 16 y una hija de un año de edad, no piensa en el estudio y menos en divertirse. "Solo vivo para ella", dijo.
El papá de su hija es un hombre bastante mayor, quien la ayudó en los primeros meses pero no lo hace hoy por distintas circunstancias.
Por eso, Eva (es nombre ficticio para proteger la identidad de la joven) vive con su familia, en un barrio de San José.
Quiere trabajar. Y lo hace en una soda cuando el tiempo se lo permite.
Su hija nació por cesárea. "El embarazo fue bonito pero me ha costado mucho", expresó.
"Cuando nació, a mí todo se me olvidó. Sentí como hormigas en el estómago de la felicidad. Ahora todo es para ella".
Eva apenas completó el sexto grado. Dejó abandonado el colegio en sétimo año para ir a trabajar.
Fue por esa época cuando conoció al padre de la chiquita. La primera relación fue suficiente para quedar embarazada.
Los sueños ya no son más para ella. Son propiedad absoluta de la bebé.
"Yo la pondría a estudiar. Quisiera tener todo para darle lo que necesita".
Mientras la niña recorre la sala, Eva piensa y trata de proyectarse en el futuro.
Se ve sola. Sin más hijos. Y trabajando.
Es que las amigas del colegio no volvieron. Tampoco las salidas para divertirse.
Aparte de que el estudio no le llama mucho la atención, está convencida de que prepararse ahora será más difícil.