Santa Rosa (Guanacaste). Esta vez la nueva gesta se ha librado en el calor de la pampa guanacasteca, en los archivos de los museos y en las aulas.
La casona de la hacienda Santa Rosa emerge de las cenizas, y diez meses después de sufrir el daño de las llamas hoy aparece, imponente, una estructura idéntica a la de 1663.
El 20 de marzo la nueva edificación abrirá sus puertas. Será cuando se cumplan 146 años de la histórica batalla, que expulsó para siempre de territorio costarricense a los filibusteros.
Son muy pocas las huellas que quedan de aquel 9 de mayo del 2001, cuando dos cazadores incendiaron el símbolo de la gesta heroica de 1856.
Quedó totalmente destruida. Pero resurge. El olor fresco a madera se encierra entre las blancas paredes de bahareque y el piso de tierra. Solo falta colocar las puertas, tejas y añejar la madera.
"El costo de las obras asciende a ¢130 millones, ¢75 millones los dieron los estudiantes, quienes compraron bonos en sus escuelas. El resto provino de la empresa privada y de los ciudadanos", dijo el ministro de Educación, Guillermo Vargas, uno de los coordinadores de la reconstrucción.
Esta se inició el 19 de noviembre, a cargo de la empresa ROCA, pero antes hubo que hacer una investigación, que empezó pocas semanas después del siniestro.
Trabajo de hormiga
Cuando las cenizas de la vieja casa declarada patrimonio nacional en 1966 aún estaban calientes, el Gobierno dispuso reconstruirla.
Se formó una comisión integrada por los ministerios de Educación, de Cultura y del Ambiente y Energía.
El primer problema que se debió resolver fue el de los planos pues estos no existían.
Sandra Quirós, de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura, explicó que se revisaron 300 fotos de la casona desde finales del siglo XIX hasta hoy. Las imágenes se buscaron en el Archivo Nacional y en el archivo de Patrimonio; también se analizaron cinco videos para conocer el interior de la casa.
Después de un mes de estudio, se logró detallar cada rincón del edificio, desde las tejas hasta las puertas, y desde la estructura hasta los acabados artísticos.
Un buen "clon"
Las paredes de la nueva casona son de bahareque, una mezcla entre barro y pasto.
Además, se importaron 16.000 tejas viejas desde Nicaragua. "La idea es que lucieran añejas", dijo el ingeniero Marvin Rodríguez, de la empresa ROCA.
Actualmente 30 obreros trabajan de lunes a domingo para terminar de levantar el "clon" de la estructura histórica.
Se usan maderas de guanacaste y cenízaro, y la de las puertas es de pochote, todo igual a la casa original.
La vieja casona de hace más de 300 años fue remodelada en 1895, y esa fue la que conocieron muchos costarricenses.
Sin embargo, la nueva tiene una gran diferencia con la que se quemó: fueron colocados sensores de humo y tiene instalaciones eléctricas, pero estas son subterráneas, para no alterar el paisaje natural.
"Acueductos y Alcantarillados hizo un pozo de 63 metros para no tener problemas con el líquido", dijo Guillermo Vargas.
Otra diferencia es el contenido de la casona. Las viejas medallas y fusiles que estaban allí se quemaron, y las pocas que se rescataron están ahora bajo la custodia del Ministerio del Ambiente.
"Este lugar se declaró como museo histórico nacional de sitio, por lo que será alusivo a la gesta del 56", manifestó el Ministro.
Se buscarán artículos relacionados con la Campaña Nacional, algunos de los cuales están en otros museos, como el Juan Santamaría (Alajuela) o el Nacional.
Un grupo de seguridad resguardará la histórica casona.