Aunque con problemas muy propios de comunicación, tres jóvenes con discapacidad que residían en el Hogar Magdala, ubicado en Paraíso de Cartago, relataron ayer ante el Tribunal Superior de Cartago cómo, supuestamente, religiosos encargados de la institución abusaron sexualmente de ellos.
En su defensa, Rafael Hidalgo Chinchilla -conocido como hermano Anselmo-, Jesús Pérez Calvo -hermano Alfonso- y Hugo Coto Cerdas -hermano Juan de la Cruz- rechazaron los cargos y señalaron que semejantes acusaciones se originaron en el enojo o molestia por parte de dos educadoras del centro.
No obstante, con palabras reiteradas, los ofendidos, de apellidos Astúa, Silva y Morera, todos con retardo mental, describieron cómo los hermanos los habían tocado y sometido a diferentes actos sexuales.
De acuerdo con el requerimiento leído por la fiscal, Graciela Blanco, los acusados aprovecharon la discapacidad de los muchachos para tener acceso carnal, hechos que trascendieron en el segundo semestre de 1994.
En el caso de Astúa, también relató que los imputados lo asustaban con sábanas y lo manoseaban cuando se estaba bañando.
¿Confiables?
Los testimonios no convencieron al defensor, Luis Palma, para quien las discapacidades de los muchachos no permitían que profundizaran en aspectos claves como, por ejemplo, cuántas veces fueron víctimas de los abusos y por parte de quién en cada ocasión.
Por esta razón, en varias ocasiones cuestionó la confiabiabilidad de las declaraciones.
A sus inquietudes, la psicóloga del Patronato Nacional de la Infancia Rosa Lidia Naranjo y la especialista en discapacidad María Elena Villalobos respondieron que los ofendidos tenían problemas de comunicación sin que eso los inhabilitara para expresar sus vivencias.
La primera narró que la noticia de posibles abusos en perjuicio de los jóvenes discapacitados provino de dos maestras, razón por la cual ella entrevistó a los ofendidos, quienes se mostraban asustados y molestos.
Villalobos, por su parte, quien realizó un reconocimiento médico y una evaluación de las habilidades de los afectados, agregó que, desde la supuesta ocurrencia de los hechos hasta el momento, los muchachos han contado la misma versión, por lo que, a su juicio, no puede ser mentira, mucho menos tratándose de una historia tan compleja.
En su defensa
Para los Hermanos de Magdala -miembros de la Asociación de Nuestra Señora de los Desamparados- aún está muy oscuro el origen de las denuncias en su contra pues se percataron de ellas "con el escándalo de la prensa", según dijo Rafael Chinchilla, uno de los superiores de la organización.
De acuerdo con él, todo comenzó con la llegada de dos maestras de enseñanza especial, con las cuales tuvieron algunos desacuerdos y que fueron responsables de que la población discapacitada se les rebelara.
A su favor, Chinchilla agregó que él ni siquiera vivía en el Hogar de Paraíso, sino en la sede de la Asociación, ubicada en Escazú, de donde salía para ir a dejar abarrotes o por asuntos administrativos.
Los tres insistieron en que los juegos sexuales, e incluso abusos, se dieron entre los propios muchachos y así lo comunicaron al personal del PANI, el cual -según ellos- nunca tomó medidas por considerarlos como comportamientos normales.
También atestiguaron ayer una trabajadora y dos colaboradores del centro, los que aseguraron que nunca notaron alguna anormalidad en el trato de los hermanos para con los jóvenes.
Se habilitaron para este juicio los días de hoy y mañana.