
El Instituto de Desarrollo Agrario (IDA) perdió su norte y hace años dejó de ser la institución que promovía la independencia y el desarrollo económico del agricultor y el incremento de la producción nacional.
En su defecto, en los últimos 16 años el IDA dedicó sus esfuerzos a comprar tierras sin vocación agrícola y favoreció a empleados públicos y comerciantes que convirtieron las fincas en casas de veraneo.
Ante este panorama, la Contraloría General de la República ordenó ayer el cierre de la institución. En un extenso informe de 67 páginas, el órgano contralor recomienda al Gobierno trasladar todas las actividades del IDA a otras instituciones públicas.
La investigación demostró que el Instituto compró fincas sin realizar los estudios técnicos requeridos y luego no vigiló por el adecuado aprovechamiento del recurso.
La actual imagen del IDA dista mucho de sus objetivos originales. Se creó el 14 de octubre de 1961 bajo el nombre de Instituto de Tierras y Colonización (ITCO) para solucionar ocupaciones en precario de los agricultores.
En 1982 se transforma en el IDA y pasa a ser una institución autónoma que debía comprar, vender, hipotecar y arrendar tierras para desarrollar las zonas rurales del país.
Anoche el Gobierno no había decidido qué pasará con el IDA.
