3 octubre, 2005
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El próximo 11 de noviembre, Carlos Gómez Serrano cumplirá un año de estar internado en el hospital San Juan de Dios, en San José.

Pasó de la calle al servicio de urgencias del San Juan totalmente debilitado por la tuberculosis que adquirió mientras vivía en un lote baldío, en barrio Sagrada Familia, San José. Tiene 58 años, de los cuales ha pasado los últimos 14 viviendo en la calle.

El jueves pasado, él accedió a contar su historia porque es uno de los pacientes de larga permanencia en el San Juan de Dios. Viene de la calle y aunque está mejor de salud, el hospital no encuentra un sitio donde Gómez pueda seguir su tratamiento.

Solo en los primeros cinco meses del 2005, el San Juan de Dios atendió a 52 pacientes como Carlos Gómez. 20 ya pueden salir del hospital porque su enfermedad está curada o controlada.

Mas no pueden porque no cuentan con un hogar, albergue o centro de ancianos que los pueda asistir. Por tanto, pasan desde varios meses hasta un año o más ocupando la cama de un hospital.

Mantener a un paciente en esta situación le cuesta al San Juan de Dios ¢19.546 al día solo por el hecho de ocupar una cama en el servicio de Medicina. En el hospital México, el costo de estar un día en el mismo servicio es de ¢93.344.

Alrededor de 100 pacientes al año permanecen desde varios meses a un año internados en el San Juan, que es el centro que recibe el mayor impacto de la población indigente enferma.

Ese centro asistencial está ubicado en el centro de la capital y recibe enfermos de poblaciones como Alajuelita, Desamparados y el cantón Central de San José.

Un hospital como el México, en el distrito de La Uruca, atiende un promedio de cinco pacientes mensuales en condición de indigencia o abandono.

Alta inversión. La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) invierte ¢20.000 millones al año en la atención de pacientes indigentes.

La plata para dar esos servicios debería aportarla el Estado por medio del Fondo de Desarrollo Social y Asignaciones Familiares (Fodesaf), dedicado a la atención a los indigentes.

Sin embargo, hasta junio anterior el Estado mantenía una deuda de ¢177.706 millones con la institución aseguradora, monto que se ha venido acumulando desde 1993.

La jefa de Trabajo Social del San Juan de Dios, Ana Josefina Güell, consideró que la atención de indigentes rebasa la capacidad instalada del sistema de salud y que esto debe motivar a buscar otras salidas más allá del sistema hospitalario.

Explicó que además de venir enfermos o heridos, estas personas son producto de "patologías sociales" que agravan y complican su situación. Mencionó la violencia callejera, la drogadicción, el embarazo adolescente y el alcoholismo.

Balazos, heridas de puñal, accidentes de tránsito y enfermedades como la tuberculosis son las causas más comunes que llevan a los indigentes hasta el servicio de urgencias de los hospitales.

Esa es su primera entrada al hospital, de donde no salen si no tienen una alternativa para su atención, manifestó la jefa de Trabajo Social del hospital México, Melba Quesada.

Anónimos. Los casos son complejos. En el hospital México había un paciente adulto mayor a quienes llamaban El Indo , por haber llegado sin un solo documento de identificación.

"No se sabía de quién se trataba. Se le atendió en neurocirugía porque traía un trauma muy grave en su cabeza. Se le dieron todas las atenciones. Esto solo se puede hacer en un país como el nuestro", dijo Melba Quesada, quien se preguntó hasta cuándo estas atenciones son sostenibles desde el punto de vista financiero.

"La seguridad social debe responder a personas así. Hay que procurar salidas", declaró la especialista.

"Los indigentes son pacientes de por sí de larga estancia. Llegan con un estado de salud muy deteriorado: desnutridos, con úlceras y piojos. Y, además, vienen con patologías crónicas, como la tuberculosis", explicó el subdirector del San Juan de Dios, Mario Arias Murillo.

Estos hospitales están explorando la posibilidad para dar servicio a tales pacientes. Centros como el San Juan trabajan junto con la Municipalidad de San José en la búsqueda de salidas que mejoren la vida de esas personas.