Pese a que este año se dio un leve incremento en el número de jóvenes con vocación sacerdotal, la pastoral vocacional será tema prioritario en todas las parroquias del país ante la escasez que viven algunas diócesis del territorio nacional.
Es en enero y febrero cuando los jerarcas de la Iglesia hacen cambios en sus parroquias, no solo para buscar un acercamiento entre presbíteros y comunidades, sino para dar cabida a los nuevos valores sacerdotales. Sin embargo, en algunas zonas aún resultan insuficientes estos guías espirituales.
Si bien es cierto, Costa Rica aún puede darse el lujo de "exportar" sacerdotes a diócesis como la Izabal en Guatemala, donde el déficit de sacerdotes es alarmante (12 curas atienden a 500.000 habitantes), el trabajo de motivación vocacional será tema priotario.
Uno de los indicios de que las autoridades eclesiásticas nacionales tienen como punto número uno en sus agendas redoblar los esfuerzos en la pastoral vocacional fue el traslado del párroco de Tres Ríos, Mauricio Víquez, coordinador de vocaciones, a una parroquia más pequeña como es la de Patarrá.
"No es normal que cuando uno tiene apenas dos meses en una parroquia lo trasladen a otra, pero el interés de monseñor Román Arrieta es que dedique mayor tiempo al tema de las vocaciones", dijo Víquez.
Vocaciones, prioridad
Pese a que en los países desarrollados es donde se da la mayor crisis, Latinoamérica no escapa al problema. Colombia y Costa Rica son los que están mejor en cuanto a cantidad de guías pastorales y seminaristas.
Pero esto no es señal de estabilidad ya que, según el coordinador nacional de vocaciones, Mauricio Víquez, de 100 estudiantes que ingresan en el Seminario Mayor apenas un 20 por ciento logra ordenarse.
No obstante, hay una leve alza en el número de ingresos en el seminario, pues mientras que el año anterior entraron 14, este año hay inscritos 29 solo en la diócesis de San José. En escala nacional se puede hablar de unos 40 jóvenes.
Para monseñor Héctor Morera, de la Diócesis de Tilarán, la promoción de vocación debe hacerse de inmediato y teme que se seleccione demasiado a los interesados. "En otros lugares se deja entrar a todos y en el camino se dan cuenta de si tienen o no la vocación, aquí desde el inicio seleccionamos", dijo.
Para Víquez, la sociedad actual no ayuda en la motivación vocacional. "Se tienen otros valores sociales y espirituales; las familias son cada vez más pequeñas y los padres no los motivan, más bien tratan de disuadirlos si alguno se interesa. Hay diócesis que, ante la falta de sacerdotes, trabajan con laicos y la figura sacerdotal se diluye", añadió.
A este tema se le dará atención especial en todas las diócesis. Un esfuerzo concreto se está dando en San Isidro de El General, donde se creó la Casa Santa María. "En ella se dan las facilidades a los muchachos para que saquen su bachillerato y no tengan trabas para ingresar al seminario", relató monseñor Ignacio Trejos.
Asimismo, monseñor Francisco Ulloa, de Limón, manifestó que llevan a cabo una labor pastoral directamente en las comunidades. "Se trata de ir a los propios lugares y motivar a los jóvenes con proyectos de largo plazo", agregó.
Faltan sacerdotes
Las secuelas de la crisis vocacional ya se asoman en nuestro país, aunque no drásticamente. Los jerarcas eclesiásticos hablan de carencia de sacerdotes en sus comunidades.
Esto se hace más visible a inicios de cada año, cuando las seis diócesis (véase recuadro) hacen cambios en sus parroquias. Para monseñor Trejos, la idea fundamental es acomodar a los curas de acuerdo con sus cualidades en las diferentes necesidades.
Para el nuevo monseñor Angel Sancasimiro, de Ciudad Quesada, otro de los factores que intervienen es la cantidad de años que un sacerdote tenga en una comunidad. "Es difícil determinar cuántos años debe pasar en una parroquia; se dice que cinco, pero todo depende de la labor que realice", explicó.
"Las de San Isidro y Limón es donde se percibe más el faltante de sacerdotes. Para contrarrestar, creo que lo más justo es que hubiera entre los obispos un espíritu de fraternidad y en las diócesis donde hay más cantidad ayuden a las que tenemos menos", expuso monseñor Trejos.
Agregó: "Reconozco al señor Azobispo de San José y al Obispo de Alajuela el darme algunos sacerdotes. Los obispos lo que miramos es la disponibilidad de parte de los sacerdotes que lo hagan por su propia voluntad."
Ante esto, monseñor Morera resaltó las palabras del papa Juan Pablo II de ser caritativo ante la pobreza y en su caso ha estado colaborando con otras diócesis.
Para los obispos con diócesis más nuevas como son Ulloa y Sancasimiro, dado el poco tiempo que tienen en ese cargo, el contar con un promedio de 40 sacerdotes es satisfactorio. "Todavía no podría hablar de faltantel; tampoco sobran como quisiéramos, pero estamos saliendo adelante", aseveró Ulloa.
Causas de desmotivación
Para el coordinador de vocaciones de la Iglesia Católica, estas son algunas de las causas de la baja en las inclinaciones por el sacerdocio:
La sociedad actual tiene otros valores que admira: confort, consumo, música, etc. Vida fácil. Entre menos compromisos se tengan mejor. Las familias tienen pocos hijos y los padres los desestimulan cuando se inclinan por el sacerdocio para que no sean ancianos solos. La juventud ya no se plantea el asunto vocacional en ningún campo. La falta de sacerdotes hace que la labor pastoral muchas veces la realicen laicos, por lo que la imagen del sacerdote se diluye. No tienen cerca un modelo a seguir.
Año nuevo, parroquia nueva
Este es uno de los casos de sacerdotes que serán trasladados de parroquia entre enero y febrero de este año.
Nombre: Javier Román Arias Edad: 33 años Nombramiento: Pasa de cura párroco de María Reina de Pavas a Desamparados
--¿Fue María Reina de Pavas una parroquia difícil?
--Sí, es demasiado grande no en territorio, sino en feligreses. Son alrededor de 65.000, de los cuales 35.000 viven en Rincón Grande de Pavas, que es una zona de precario problemática.
--¿Fue duro entrar a la zona de precarios?
--Es más acogedor evangelizar en la zona de precarios. Llevamos a cabo unas 14 misiones para llegar a cada una de las casas y es en esos sectores donde más responde la gente. Fue difícil porque al inicio la gente lo recibe esperando obtener algo, un bono o alimentos, y la Iglesia no puede.
--¿Cómo tomó el traslado? ¿Le gusta la idea de ir a Desamparados?
--Desamparados me gusta, pero siempre he soñado con el campo. Fue más duro el cambio cuando vine de San Cristóbal a Pavas.
--¿Qué expectativas tiene en Desamparados?
--Más que expectativas tengo temores, por llegar a sustituir a un párroco que estuvo allí por diez años y ha hecho mucho como Marco Hugo Castro. La gente siempre quiere que uno haga las cosas como las hace el párroco que tiene.
--¿Qué proyectos tiene en mente?
--Simplemente seguir las líneas de la asamblea arquidiocesana. Continuar con las escuelas de evangelización con los laicos e inyectar más la pastoral juvenil.
--¿Cinco años es un tiempo suficiente para que un párroco esté en una comunidad?
--Yo creo que es suficiente para desarrollar su obra. En ese tiempo se hace lo que se hizo y luego solo se mantiene; no se hace nada más nuevo; ya se está cansado.