Las fuertes explosiones dentro de la ferretería Reimers, ubicada en la avenida tercera entre calles 6 y 8 de San José, alertó a los huéspedes del hotel Central -situado a un costado del negocio- del incendio que destruyó más de 847 metros cuadrados de construcción y dejó pérdidas cercanas a los ¢800 millones.
El fuego -al parecer- empezó en el local comercial a eso de las 3 a. m., pero fue detectado hasta las 4:30 a. m. por las personas del hotel, quienes se despertaron a causa del calor y fuerte olor a humo.
Según indicaron algunos testigos, al despertar escucharon varios estallidos, por lo que trataron de observar lo que sucedía. "Al escuchar la bulla me fijé por la ventana y vi unas llamas muy altas que salían de la ferretería. De inmediato llamé al 911 y de allí me pasaron con los Bomberos", indicó Santiago Trejos, propietario del hotel.
Tres minutos después de dada la voz de alarma, los apagaincendios llegaron al sitio. En pocos minutos, 81 bomberos -pertenecientes a cinco estaciones de la capital- empezaron a trabajar para que el fuego no alcanzara otras estructuras.
Las medidas de seguridad del negocio como las ventanas metálicas y el alambre navaja impidieron el ingreso inmediato de las cuadrillas.
Una de las primeras medidas que se tomaron fue desalojar por completo el hotel, pues allí se encontraban más de 40 personas hospedadas.
Algunas de ellas se rehusaron a salir cuando las autoridades les hicieron la advertencia. Sin embargo, tuvieron que hacerlo poco después debido al humo y a la gran cantidad de agua que empezó a caer en las habitaciones.
Los bomberos para poder controlar las enormes llamas tuvieron que utilizar además del agua, polvo químico y espuma. Esto porque había gran cantidad de materiales inflamables como la pintura.
Por efecto del fuego y el agua resultaron con daños mínimos la ferretería Almacenes Unidos, La Granja y el hotel Compostela. En total, los apagaincendios salvaron de las llamas 4.194 metros cuadrados.
Pérdidas millonarias
De acuerdo con el presidente ejecutivo del Instituto Nacional de Seguros (INS), Cristóbal Zawadzki, el incendio dejó pérdidas cercanas a los ¢800 millones, de los cuales la gran mayoría corresponde a daños sufridos en la ferretería.
El contralor de Reimers, Bernardo Clare, dijo a La Nación que las pérdidas todavía no pueden ser determinadas; aunque podrían superar los ¢400 millones. Sin embargo, el seguro contra este tipo de fatalidades cubre todos los daños.
Asimismo, consideró que la deflagración posiblemente no se originó a causa de una falla del sistema eléctrico del local, pues todo es automático. "Lo único que queda encendido por las noches son las luces necesarias", agregó.
Solo en este negocio trabajaban 100 empleados, los cuales -según indicó Clare- no serán despedidos por el momento. Supuestamente, algunos de ellos serán instalados en la ferretería Reimers de La Uruca.
Por su parte, el dueño del hotel Central no pudo calcular el valor de los daños, los cuales se concentraron en el cuarto piso del edificio. El resto solo sufrió a causa del agua.
Resultaron afectadas, en total, 25 habitaciones. Varios huéspedes que alquilaban cuartos por tiempo indefinido perdieron todas sus pertenencias.
La temperatura a raíz de las llamas pudo superar los 600 grados centígrados. Muestra de ello fue el desplome de una viga de concreto que cayó en la parte trasera de la ferretería.
De acuerdo con Héctor Monge, director del Cuerpo de Bomberos, dentro de unos 10 días el departamento de Ingeniería de Incendios tendrá listo un informe que señalará dónde y cómo se originó el fuego.
Testigos dieron alerta
Al menos tres huéspedes y el propietario del hotel Central fueron las personas que alertaron a los bomberos y demás personas de lo que ocurría en la ferretería Reimers, pues fueron las primeras en tener contacto con las llamas.
"Me levanté porque hacía mucho calor y se escuchaban unas explosiones. Cuando salí, vi a un anciano que vive aquí muy asustado por el incendio. Al ver todo como estaba, empecé a correr y a tocar puertas diciendo que había fuego porque toda la gente estaba dormida", explicó Paulka Dimotraba, huésped de origen belga.
"Poco a poco, las personas empezaron a salir muy alarmadas. Incluso botaron a una señora que iba saliendo cuando todos pasaron como estampida", agregó la extranjera.
Un papel similar tuvo Santiago Trejos, dueño del hotel, ya que se encargó de dar aviso a los bomberos. Según su relato, las fuertes y constantes explosiones interrumpieron su sueño.
Trejos indicó que se percató del incendio a eso de las 4:30 a. m., tras fijarse por la ventana de su dormitorio. En ese momento, el fuego ya amenazaba el costado noroeste del hotel que siete meses antes adquirió.
Por su parte, Leonidas Marín Parajón, esposo de Dimotraba, manifestó que cuando observó a su cónyuge levantarse de la cama no sabía por que era, pues -a pesar de que escuchó los estallidos- creyó que algún objeto había caído en el techo.