Zonas sur y norte. Solo basta dar un paso hacia adelante o adentrarse en un trillo solitario. Así, sin más protocolo ni papeleos, es posible salir o entrar a Costa Rica por diversos puntos de nuestras dos fronteras terrestres.
Los controles son escasos y vulnerables en las zonas limítrofes con Nicaragua y Panamá. De eso no hay duda, y las autoridades policiales y migratorias reconocen la impotencia frente a una lucha desigual contra el trasiego de personas, mercadería y drogas.
Mientras el hampa utiliza métodos cada vez más modernos para evadir los operativos de vigilancia, los puestos fronterizos en el norte y en el sur carecen de equipos, vehículos y personal suficiente.
En algunas partes, la Fuerza Pública tiene entre dos y cuatro agentes que deben turnarse durante las 24 horas. En otros sitios ni siquiera existe vigilancia de noche, lo que hace a Costa Rica más vulnerable.
Tales situaciones fueron corroboradas por un equipo de La Nación que visitó varios puntos fronterizos en las últimas dos semanas.
Coyotes al acecho
Uno de los problemas más grandes que afrontan las autoridades fronterizas son los coyotes .
Son hombres quienes, a cambio de dinero, se ofrecen a introducir o sacar del país a personas indocumentadas o mercadería ilegal, obviamente sin pasar por los puestos de policía, migración y aduanas. Utilizan trillos entre la montaña, pasos entre montazales y hasta desolados caminos de lastre para movilizarse sin ser detectados. (Vea nota aparte).
Sus principales puntos de operación en la zona norte son La Cruz, Upala, Los Chiles y los alrededores del río San Juan. Entre tanto, en el sur tienen su centro de operaciones en el mismo Paso Canoas, frontera con Panamá.
Luis Sanabria, director de la Policía de Fronteras, dijo que para enfrentar este problema especialmente el paso de inmigrantes ilegales se piensa construir nuevos puestos en los sectores más críticos.
Además, informó de que ya se echó a andar una reestructuración en ese cuerpo policial pues, adujo, "existen ciertos vicios a la hora de vigilar que deben ser corregidos".
Sanabria agregó que también se planea fortalecer los comandos con más personal, capacitación y transporte.
Eduardo Vílchez, titular de la Dirección General de Migración y Extranjería, reconoció que en su oficina se sienten impotentes para combatir el ingreso ilegal de personas pues en Costa Rica el coyotaje ni siquiera está tipificado como delito.
Solo entre enero y febrero de este año, 2.500 personas indocumentadas fueron detenidas en las fronteras, precisó.
150 trillos
Un factor que debilita los controles en la frontera sur es la existencia de un tramo de 10 kilómetros de longitud en el que existen, al menos, 150 trillos o pasos clandestinos para pasar de Costa Rica a Panamá y viceversa.
De acuerdo con autoridades de la zona, hay trillos que se divisan fácilmente en la carretera que comunica a Paso Canoas con Laurel y La Cuesta, en el cantón de Corredores.
Son utilizados incluso para pasar vehículos robados.
Los traficantes de mercadería o droga también pueden usar una serie de calles que pasan a unos 100 metros de distancia del puesto fronterizo tico y que salen a dos, cuatro y hasta seis kilómetros de distancia de la aduana panameña.
La Nación confirmó que en algunos puntos de la frontera pasa gente sin portar documentos y sin realizar trámite alguno.
Incluso se observó el tránsito constante y fluido de vehículos de placa panameña que luego fueron vistos en los parqueos de prostíbulos y bares ubicados en el lado tico.
Los drogadictos que permanecen frente a las tiendas de la frontera son parte del grupo que se encarga de conducir a las personas a cambio de dinero por los lugares donde no hay vigilancia.
Para el jefe de la aduana de Paso Canoas, Roy Chacón, el problema existe y para solucionarlo hace falta más personal de todo tipo. Además, indicó que uno de los grandes problemas es la existencia de esa cantidad de pasos "ciegos".
A lo largo de la frontera sur existen dos puestos más de aduanas, ubicados en los sectores de Pío Víquez y San Marcos, en el cantón de Coto Brus. Ambos se encuentran cerrados por falta de personal, informó Chacón.
Informes de la policía señalan que otras comunidades fronterizas, también en la zona sur, están siendo utilizadas para trasegar drogas y armas. Una de ellas es Cañas Gordas, donde solo hay tres oficiales y no cuentan con ningún medio de transporte.
Falta de personal
Otra de las causas de la vulnerabilidad de las fronteras es la falta de personal de vigilancia.
De acuerdo con el Instituto Geográfico Nacional, el país tiene un total de 663 kilómetros lineales de fronteras terrestres: 363 kilómetros son compartidos con Panamá y los restantes 300 kilómetros con Nicaragua.
Este dato puede prestarse a conclusiones erróneas pues, si se compara con el hecho de que la Policía de Fronteras cuenta con 1.366 agentes, se podría decir alegremente que por cada kilómetro limítrofe hay dos policías.
Pero el problema es que esos hombres nunca trabajan todos a la vez; además, no cuentan con los equipos de transporte y de comunicación idóneos para seguirle la pista a los contrabandistas y coyotes.
Rogelio Ramos, ministro de Seguridad Pública, comentó que antes la vigilancia fronteriza no fue un punto de interés, a pesar de que por allí entran drogas, delincuentes, inmigrantes ilegales, armas, etc.
No obstante, prometió buscar más recursos para estas regiones y promover una mayor coordinación entre las diferentes autoridades.
Eduardo Vílchez aceptó la falta de recursos y fue contundente al decir que las fronteras son todo un reto para su dependencia, por muchos factores, entre los que mencionó la complicidad de funcionarios con los indocumentados.
Ante esa situación, ordenó hace algunos días una auditoría en el puesto de Peñas Blancas La Cruz, Guanacaste, pues había muchos rumores sobre posibles descontroles. Al final del estudio se comprobaron anomalías en los procedimientos y se dictó una nueva directriz.
Sixaola en el olvido
Una de las comunidades más afectadas por la falta de controles en la frontera y que, según sus habitantes, está en el olvido es Sixaola, la cual se comunica con Panamá mediante un deteriorado puente sobre el río de igual nombre.
Allí, el dolor de cabeza lo dan los colombianos que cruzan el cauce sin ningún problema, llegan a lado tico sin reportarse y se dirigen a Limón. El tráfico de drogas es lo que los mantiene en movimiento.
Hane García, uno de los jefes del comando de la Fuerza Pública en esa población de Talamanca, confirmó que el mayor problema que afrontan son las drogas, ya que "existe un gran descontrol y las cantidades que se trasiegan son muy grandes".
Ese puesto policial, que debe cubrir parte del cantón de Talamanca, cuenta apenas con 82 oficiales y un solo carro que está en mal estado. Las plantaciones de marihuana en el Caribe Sur hacen más crítica la situación.