Según el nuevo testamento Jesús, cerca de la hora novena, poco antes de morir crucificado en el Calvario, exclamó: "Elí Elí, ¿Iama sabactani?" "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?"
Ayer, muchos escucharon callados, con un semblante de sufrimiento y un aire de tristeza; esas palabras durante la reconstrucción de la Pasión de Cristo en la ciudad de Cartago, en Tres Ríos y San Francisco de Dos Ríos.
Unos, como espectadores, salieron a las calles para seguir a otros que asumieron el papel de soldados romanos, de Poncio Pilatos, de Barrabás, del sumo sacerdote Caifás, de centurión, de Simón de Cirene, de María, madre de Jesús y María Magdalena; de escribas y de José de Arimatea.
Las representaciones Ðen Cartago, Tres Ríos de La Unión y San Francisco de Dos Ríos, en la capitalÐ de los acontecimientos poco se separaron de los relatos bíblicos. Para lograr tan depurada reconstrucción de la historia, se mezcló la elocuencia de los sacerdotes que narraron la Pasión; la unión de fervor y ritualismo; el golpe lento de los tambores; el agudo tono de los clarines y el sonido de las botas de los romanos en su marcha por el caliente asfalto, así como la vivacidad de las actuaciones.
En Cartago, una imagen de blanco y escarlata salpicada con manchas de sangre que caían de la corona de espinas y los azotes que habría recibido el Mesías en la espalda era mirada con expectación por los brumosos que no prestaron atención a la cálida mañana. Por un altavoz, el sacerdote franciscano Fray Isidoro de Mesquiriz recordó a los devotos la noche de la traición de Judas e insistió en que "para amar a Jesús se le debe conocer".
Una centena de "soldados romanos", miembros de la Hermandad del Nazareno, recorrieron las calles de la Vieja Metrópoli Ðla banda municipal tocó el duelo a la patriaÐ, y recrearon el encuentro de la madre con su hijo, camino al Calvario, ubicado frente a la Basílica de los Angeles.
En Tres Ríos, un voluntario de la cofradía del Nazareno cargó en cada lugar la cruz y recorrió las calles hasta contar 14 estaciones siendo golpeado; al final lo pusieron en la cruz, bajo la leyenda: "Este es Jesús, el Rey de los Judíos."
Aquí, una decena de niños vestía túnica de color púrpura, por pago de algunas promesa. Pero sobresalían Omar Richmond, de 62 años, y Mario Vega, de 63, quienes vestían así como parte de una tradición, e igual que los menores, en retribución de algún favor concedido.
El pasaje de Jesús frente a Pilatos se efectuó en el palacio municipal de La Unión. Ahí, los miembros de un grupo teatral gritaban como la muchedumbre ante la que fue llevado Cristo "que lo crucifiquen". La escena tuvo tal realismo que, al momento de sacar al Nazareno del edificio, un niño se acercó a una de las personas vestidas de soldado romano y preguntó: "¿Adónde lo llevan?" "¡A la crucifixión!", respondió.
En el distrito capitalino de San Francisco, fue tan vívido el momento en que cayó el actor que representó a Cristo con su cruz, que tenía al borde del lamento y la exaltación a dos personas. Luego, tras ser azotado, el Nazareno fue llevado hasta dos maderos pegados en cruz. Como se decía que iba a ser crucificado, unos niños que estaban cerca del Calvario se asustaron y el sacerdote tomó el micrófono y les dijo: "No, chiquitos; no es que los vamos a matar de verdad. Ellos están haciendo como si fuera el teatro del kínder. No se asusten."