San Ramón (Alajuela). A sus 93 años, Roberto Varela Cárdenas vivió ayer, junto con centenares de ramonenses, una nueva “entrada” de los santos , la tradición más antigua que tiene este cantón alajuelense.
Varela, famoso por su destreza con el violín, participa desde que era un chiquillo de siete años en esta fiesta en honor a San Ramón Nonato.
Recuerda que a esa edad empezó a acompañar a la imagen del santo, junto con sus padres, desde el barrio de San Isidro hasta el centro de la ciudad.
“Cada año la fiesta es más bonita. De hecho, antes era más difícil llegar con la imagen al pueblo porque los caminos eran muy malos, pero hoy es otra cosa”, manifiesta.
Don Beto , como le llaman con cariño, también formó parte del grupo musical que acompañaba al patrono de su comunidad, tal y como lo hicieron ayer muchos otros músicos. Sin embargo, resalta que ya no es como antes.
“Quienes acompañábamos a las imágenes veníamos tocando e interpretando música criolla, esa que es nuestra, de la que se componía en el barrio; ahora muchos cantan cualquier cosa”, comenta.
Eso sí, destacó la incorporación que la juventud ha tenido para con una fiesta que data de finales del siglo antepasado, lo que seguramente garantizará que la tradición perdure.
Como ya es costumbre, cada 30 de agosto una caravana multicolor acompaña a la imagen de San Ramón Nonato en la procesión que viste de gala a los festejos patronales.
Moncho fue fiel a su tradición y, poco después de las diez de la mañana, echó a andar para ir en busca de sus invitados. Al final de la actividad, en el templo parroquial, las campanas Aurora y Ramona dieron la bienvenida a todos: santos y feligreses.
Entre música, gritos de “¡viva Moncho !” y la unión de un pueblo, la acostumbrada “entrada” fue un homenaje al santo que protege a las mujeres embarazadas al momento de dar a luz.