
El tránsito se detuvo por dos horas y media a lo largo de la avenida segunda en San José. En su lugar, decenas de creyentes se adueñaron del asfalto durante el tradicional viacrucis capitalino.
Los rostros y las historias de fe aparecieron en el recorrido de las 14 estaciones, que rememora el camino de Jesús hacia el Calvario.
Anoche, como ya es costumbre, el viacrucis se desarrolló a lo largo de las cuatro cuadras que unen la iglesia de La Merced con la catedral metropolitana.
Algunos se acercaron por simple devoción otros para cumplir una promesa.
Así lo hizo Nelly Ramírez, de 76 años. La vecina de San José llegó vestida con una túnica morada, que ella misma confeccionó.
“Duré como una hora haciéndola. Yo tengo mucho tiempo de estar viniendo a esta actividad, pero ahora me vine así para cumplir una promesa que hice”, comentó Ramírez, quien llegó sola.
Rocío Solís, cocinera de una escuela, también se acercó sin compañía. Nunca ha faltado al viacrucis de los últimos 35 años, afirmó.
Como pocos lo hacen, ella se hincó en cada una de las reflexiones. Colocó un pañuelo sobre la calle y escuchó con atención.
“Para mí estas actividades no se deberían hacer por tradición, sino por devoción. Es un precioso acto de amor. ¡Ah!, y a mí no me duelen las rodillas”, sostuvo esa vecina de La Uruca.
Es el mismo sentimiento de Ramón Sidney. A sus 78 años viajó solo desde Tibás, con la única ayuda de su par de muletas.
“Esto nunca me lo pierdo, me llena mucho estar cerca de Dios”, afirmó don Ramón quien hizo esfuerzos por olvidar el cansancio de cargar con dos bolsas.
Puntuales
Fiel al mandato del reloj, la actividad se inició a las 7 p. m.
Este año, la parroquia del Templo Votivo del Corazón de Jesús –en barrio Francisco Peralta– fue la encargada de levantar el carro alegórico montado en un tráiler.
Solamente fueron necesarios 100 metros para que los asistentes escucharan el mensaje de los 14 sacerdotes que participaron en el recorrido.
Pese a que no se les impuso un tema, los curas que hablaron en cada estación condujeron sus discursos alrededor del eje de cargar con la propia cruz y el valor de la mujer en la sociedad.
Por su parte, el arzobispo de San José, monseñor Hugo Barrantes Ureña, hizo un llamado para que las personas sean verdaderos cirineos para salvar a todos los que están sufriendo: a los niños de la calle, a la mujer agredida, a las víctimas de las drogas.
Hizo referencias a escenas de la película La Pasión, a la violencia y dolor que se refleja en la cinta cinematográfica.
También le solicitó a los que están en las playas que busquen y se unan a las actividades litúrgicas que se realizarán en cada provincia.
Sin embargo, unos que no se acercaron con la misma fe y paciencia fueron los choferes de automóviles que transitaron por la avenida segunda.
Muchos no soportaron el cierre de vías ni el lento caminar de los peregrinos por lo que hicieron un concierto de pitos.