
Evo Morales, el primer indígena que preside Bolivia, refleja a la perfección al hombre andino: estoico y terco, rebelde y peleador, capaz de soportar el desprecio sin rendirse.
Ahora lidia contra la ola autonómica impulsada por el referendo del departamento de Santa Cruz, que limitaría el poder de Morales para promover reformas sociales y la repartición de la tierra.
Lo mejor que sabe hacer Evo Morales, según sus partidarios y detractores, es pelear en las calles, como lo demostró durante 20 años como dirigente de organizaciones de campesinos cocaleros.
“Toda mi vida he luchado (...) no le tengo miedo a la muerte”, repite cuando visita los pueblos de la Bolivia rural, donde es considerado todo un personaje, casi mítico e incomparable, por “sus hermanos de raza”, todos de piel cobriza e ignorados por centurias por “los blancos”, a los que el Gobierno atribuye hoy el clamor por la autonomía.
Evo Morales nació en Isallavi, cantón Orinoca, el 27 de octubre de 1959, en una familia de campesinos productora de hoja de coca
El 18 de diciembre del 2005, Morales logró el 53,7 % de los votos, contra el 28,5% de Jorge Quiroga, del partido Podemos, de derecha.
La revista Time, de los Estados Unidos, incluyó este año a Evo Morales entre las 100 personas más influyentes del mundo y entre los seis latinoamericanos más destacados.