
Como siempre, el padre Mínor Calvo estuvo ayer dispuesto a hablar.
Al ver las cámaras, micrófonos y grabadoras, abrió la ventana del pick-up azul que lo llevó de la cárcel a los Tribunales de Heredia, donde le dijeron que quedaba libre.
De pantalón color beige, camiseta blanca y pantuflas negras, Calvo no negó respuestas.
“La justicia de Dios empieza a brillar; Dios nos va a librar de todo finalmente”, dijo mientras el pick-up azul avanzaba y le dejaba a medias sus ganas de responder preguntas de la prensa, cuando iba de regreso a la cárcel, para recoger pertenencias.
“Es un primer paso de la inocencia que yo guardo en mi corazón, y que en su momento será transparente para Costa Rica”, había dicho minutos antes, al llegar a los Tribunales.
De vuelta a San Rafael de Alajuela, estuvo anuente a hablar más y su único freno fue la custodia policial. Incluso, llegó a abrir la ventana para saludar de beso a una seguidora.
Llegó a la cárcel donde pasó sus últimos 77 días, recogió sus cosas y salió. De nuevo topó a la prensa, secó unas lágrimas e insistió: “Yo soy inocente, aunque tuve que pasar este trago tan amargo, pero ya se están dando los primeros pasos.
“Y la Biblia lo dice, lo que se construye sobre arena se cae, y lo que hay contra mí sin duda ha sido construido sobre arenas y por eso se está cayendo”, dijo acerca de la investigación.
“Hoy más que nunca espiritualmente estoy en lo mejor, porque este ha sido un desierto, tiempo de ayuno y entrega al Señor Jesús”.
Y añadió: “Esto ha sido algo grande, pude hacerme cada día más humano y comprender el dolor de los seres humanos”.
Ahora el sacerdote Mínor Calvo continúa como sospechoso, pero repite con firmeza que todo han sido mentiras y conjeturas que “algún día quedarán al descubierto”.