Hace más de un año José Vargas Arrieta, alias Don Gato, necesitaba un milagro. Para aquella época, él y decenas de gatitos estaban a punto de quedarse sin un hogar. Nadie lo quería recibir con tantos animales.
Aunque parecía complejo, por algunos meses, este adulto mayor encontró una solución. Sin embargo, tiene los días contados.
Hoy, este trabajador independiente experimenta de nuevo la angustia y la desesperación por encontrar un nuevo lugar donde vivir. Cada vez tiene menos opciones de trabajo y se acabaron sus ahorros.
“Tengo una alcancía y sabía que cuando tuviera que acudir a ella era el principio del fin”, comentó preocupado.
Actualmente, Don Gato tiene 67 años y alimenta a unos 150 gatos. En el albergue, que es un espacio adaptado donde vive, tiene 60 felinos, la gran mayoría son viejitos que requieren de alimentación especial y que implican gastos extraordinarios. Si bien algunas veterinarias le dan más tiempo para pagar, sostenerlo todo solo se vuelve casi imposible.
A esto se suma la ayuda que da a casi 100 gatos de los alrededores y del interior del Mercado Borbón, en el centro de San José. Su ayuda incluso llega a perros en abandono y hasta palomas.
“Ahorita tengo cuatro perritos que fueron abandonados. Hay familias que se los traen para ir a Guanacaste, San Carlos o Nicaragua y cuando en el bus les dicen que no se los pueden llevar, los dejan abandonados”, contó.
Sostener su misión de ayudar y alimentar animales, incluyendo el pago del alquiler, asciende a ¢1 millón mensual y por ello su desesperación.
Incluso, don José dice sentirse tan arrinconado que tendría que dejar esta labor, a la cual se ha dedicado por décadas. Es categórico: la situación es insostenible.
La esperanza de don Gato
El problema, en gran medida, responde a que debe dejar el lugar donde vive porque no hay agua y requiere trasladar estañones para mantener el aseo.
Eso implica buscar un nuevo lugar a donde se pueda mudar con todos los gatitos. Regalarlos no es una posibilidad viable. Durante mucho tiempo nadie ha querido adoptarlos, entre otras razones, porque tienen necesidades especiales.
“¿Qué hago con los gatos que tengo? Nadie los adopta. No los voy a tirar a la calle de nuevo, se mueren, no sabrían para donde irse, muchos ni siquiera tienen dientes”, musitó.
Por amor a su misión, don José aún tiene esperanza de encontrar un lugar, quizá una finca, donde pueda irse con los animales. Eso sí, recalcó que para él no necesita nada, que su prioridad son las criaturas.
Cuando ve noticias de instituciones que donan terrenos para que se desarrollen proyectos de bien social, sueña con llegar a ser uno de los beneficiarios y así poder tener un lugar donde vivir junto a los rescatados.
Las ayudas que recibe en la actualidad son esporádicas y como es trabajador independiente, depende únicamente de sí mismo.
En una ocasión, trató de conseguir un préstamo para instalar un taller, pero al no contar con ingresos físicos, le fue negado. Él ofrece sus servicios como electromecánico industrial.
“Me duele en el alma. Dios sabe que no sé qué hacer ni para dónde irme, es una tristeza profunda y una preocupación grandísima por ellos”, agregó Don Gato, quien siente que esta es su última oportunidad para continuar ayudando a los animales.
Si usted gusta ayudar a este adulto mayor a continuar con su labor, él tiene activo el sinpe móvil 6083-2353.
A ese número también puede contactarlo en caso de conocer algún lugar donde se pueda mudar con los animales. Aunque ruega para que no se le acerquen con más gatitos en abandono porque no tiene forma de ayudar.


Vida dedicada a los gatos
José Vargas vive con sencillez porque asegura que su prioridad es ayudar a los gatos. Este señor es conocido en San José por su misión diaria de alimentar a felinos que, como muchos animales en abandono, sufren de indiferencia.
Cuando el sol se pone y empieza a oscurecer, no falta un trabajador o comerciante que salude a Don Gato y le avise que ya hay mininos esperándolo, de alguna manera, aunque los animales no son de nadie, la responsabilidad se la delegan a él.
En una zona calificada como peligrosa y en la que habita la desesperanza, él se mueve llevando vida a seres que no tienen noción del desprendimiento de una persona a la que muchos ya han calificado de “loco”. Él más bien se considera sensible. Tampoco siente que es un acumulador, porque aunque vive con decenas de gatos, está anuente a entregarlos a adoptantes que garanticen que les darán buena vida.
“Por mis manos imagínese la cantidad de gatos que han pasado, si fuera un acumulador tendría 500, yo los doy en adopción. Los que tengo, como le decía, están viejitos, sin posibilidades de sobrevivir solos, después de rescatarlos y ayudarlos, yo no podría devolverlos a la calle”, aclaró.
Don José apareció en las páginas de La Nación hace casi cuatro años. En el 2021 alzó la voz porque en el Borbón cerraron una gatera de la que él estaba a cargo. Pese al cierre, continúa velando por los animales.
Actualmente, el señor cuenta con permiso 24/7 para ingresar al mercado para alimentar a los mininos y atender las emergencias que se presenten.
