Rogelio Rubinstein es, literalmente, el “señor de los paraguas”.
Hace casi seis décadas que vive entre ellos, que los hace, y, aún a los 80 años de edad , sigue al frente de la famosa Paragüería Rego , San José.
¿Rubinstein? ¿Rego? La historia del por qué ambos apellidos tan raros se unen tiene explicación en 1937, cuando don Rogelio llegó de Polonia .
Su papá, David , tomó la decisión de dejar ese país cuando sintió que los tambores de guerra merodeaban a Europa.
Casi una década después, en 1948, compró la empresita de paraguas a un viejo español que se llamaba Domingo Rego , justo antes de que partiera hacia Argentina.
Cuando la adquirió, era un pequeño taller con seis empleados. Hoy cuenta con más de 70 y ha sido el sostén de toda su familia. Pero aclara: “Después de mi esposa, mando yo”.
Rubinstein se refiere a su gran amor, doña María , a quien conoció en sus años mozos, cuando estudiaban contabilidad en la Escuela Manuel Obregón, a principios de los años 40.
Por las manos de esta pareja, que procreó cuatro hijos, han pasado cientos de miles de paraguas, artículos que se han convertido en una verdadera pasión.
Ya para 1954 eran tantos que su pequeño local, ubicado detrás de la iglesia de La Merced , se hizo pequeño. Por eso, don Rogelio aprovechó que estaban por ampliar las calles josefinas, para comprar otro local en avenida 4, entre calle 8 y 10, donde todavía trabaja con su esposa.
Mientras cuenta sus historias, no tiene un paraguas que lo proteja del aguacero de recuerdos. Mira las viejas fotos y señala a una de las señoras, sonríe y vuelve a recordar: “Esta es doña Teresa Mariño . Trabajó muchos años con nosotros y siempre le prendía una candelita a San Antonio cuando uno de los paraguas se perdía”.
Tanto tiempo bajo la sombra de un paraguas le ha permitido acumular mucha experiencia. Por ello, no duda en dar su mejor consejo a aquellos despistados (la mayoría) que siempre pierden el paraguas: “Pues que compren otro” , afirma, mientras una sonrisa se dibuja en su rostro.