Las intrigas de palacio no discriminan rango ni respetan edades.
Solo así se explica que el salonero con más experiencia de Casa Presidencial, Ángel Aguilar , pasara varios meses "desterrado" en funciones que nada tenían que ver con sus habilidades y conocimiento.
La historia es así: don Ángel, quien entró a trabajar a la Presidencia en 1970 , se ganó la reputación de ser un salonero eficiente y dedicado.
Además, de vez en cuando hacía sus "pinitos" en la cocina. "Es un experto en ensaladas ", confirma Jorge Arce, jefe de Protocolo de Casa Presidencial.
Sin embargo, poco antes de que entrara la actual administración, el funcionario fue trasladado a otras funciones.
Según versiones recabadas en Zapote, alguien le cobró las canas. Al parecer, algún jefe pensó que, con 65 años, don Ángel ya no estaba para desempeñarse como salonero.
Entonces llegó una especie de destierro: lo pusieron a fregar pisos y lavar platos en la Presidencia. Son funciones que estima muy nobles, pero alejadas de su trinchera favorita.
Mas quien ordenó el sorpresivo traslado no contó con que al sillón presidencial de Zapote iba a llegar alguien tres años mayor que don Ángel.
Así fue. Abel Pacheco asumió el poder y, junto con los nuevos jerarcas de protocolo, reivindicó las canas de aquel viejo empleado. Inmediatamente lo puso en su lugar.
Don Ángel dice sentirse feliz atendiendo recepciones con el mismo entusiasmo del primer día. De paso, también se permite celebrar, discretamente, eso sí, los jocosos comentarios del nuevo presidente.