Cartago. Hora: 10:19 p. m. Día: miércoles 24 de marzo. La ciudad parece dormida. Bien lo dicen las “malas lenguas”: en Cartago se recogen las aceras a las 6 de la tarde. El objetivo de la visita: encontrar a la Policía en acción.
A escasos 400 metros de la basílica de los Ángeles, un travesti saluda a nuestro paso.
Cruza la pierna, pero la falta es tan corta que no cubre ningún pudor.
Otros dos hombres, ataviados con ropa femenina ceñida al cuerpo, recorren la acera en busca de clientes. Cartago duerme.
Son las 10:58 p. m. y el griterío en los bares anuncia el triunfo de Saprissa sobre Pachuca de México.
Aún no encontramos policías.
En una de las aulas del Instituto Tecnológico, un grupo de estudiantes se prepara para salir.
Los aguarda la oscuridad... y mucho peligro. Pablo Brenes, expresidente de la Federación de Estudiantes, se queja: son muchos los asaltos.
Las estadísticas de la Policía Judicial no dejan espacio a la duda: la mayoría de las tachas ocurren entre las 10 p. m. y la madrugada, pero esta noche no hay policías.
La comandancia está iluminada y brilla por la pintura nueva (donada por la municipalidad). Desde fuera no se nota movimiento alguno.
En una esquina, un joven de extraña apariencia mira, nervioso, hacia las aceras. Parece estar en busca de víctimas
La presencia del carro de La Nación lo inquieta. Escurridizo, desaparece entre las sombras de la noche.
Algunas parejas aprovechan la oscuridad de las ruinas para entregarse a las caricias.
En esas circunstancias, son víctimas fáciles. Las calles están vacías.
La única patrulla aparece cerca de las 11:15 p. m. Se estaciona a un lado de la basílica.
Desde hace poco más de una hora rondamos por el corazón de la provincia, pero nuestra presencia parece no inquietar a nadie, mucho menos a las autoridades. Como fantasmas, algunos consumidores de drogas –en grupos o solos– buscan limosnas.
Hace dos minutos que uno de los travestis contactó a un cliente y se marchan a gran velocidad en una motocicleta Vespa.