Como jefe de Estado, Juan Rafael Mora Porras venció el asedio de los filibusteros, pero, como estatua, tendrá que aguantar el acoso de los restauradores.
Desde el 1.° de junio, el monumento que descansa en su honor frente al edificio del Correo Central de San José permanece cercado por andamios, cubetas de agua y “productos de belleza” para casos extremos, como el suyo.
Hasta que no finalicen los trabajos de restauración –unos dos meses– el líder costarricense de la Campaña Nacional de 1856 será el centro de una de las batallas más populares de nuestra época: la batalla de las apariencias.
Agua destilada, detergentes no iónicos , estuco y ceras microcristalinas son algunas armas de los especialistas para devolverle la gloria perdida. El irrespeto de las palomas –cuyos intestinos parecen encantados con el bronce– y la polución forzaron la intervención de cuatro restauradores, liderados por la española Ana María Moraleda. Milímetro a milímetro, lavarán, secarán y sellarán el monumento, creado por el italiano Pietro Piraino e inaugurado el 1.° de mayo de 1929.
Según Moraleda, uno de los mayores problemas eran las fisuras y acumulaciones de agua mezclada con deposiciones de paloma.
De unos tres metros de altura, la mirada de Juanito Mora prevalece sobre el resto de figuras. Lo acompañan dos altorrelieves con imágenes de campesinos y episodios militares, y dos personajes alegóricos: una mujer que simboliza la Ciencia y un hombre que representa la Libertad .