Cuando un paciente vive en una zona alejada de los principales servicios de salud, el acceso a la atención se complica. Y no solo está relacionado con el tipo de servicios que se reciben, también con otro tipo de costos: tiempo, permisos laborales, desgaste.
Quienes viven en ciudades y están cerca de los principales hospitales normalmente tienen un acceso más fácil a citas médicas, exámenes diagnósticos y procedimientos quirúrgicos.
Esta situación fue objeto de discusión entre diferentes especialistas: médicos, economistas, investigadores y representantes de la industria farmacéutica durante el Roche Press Day que se realizó recientemente en Costa Rica.
Los especialistas hablaron bajo el lema “Que el código postal no determine quién sobrevive”.
“El código postal todavía importa demasiado. El mapa epidemiológico muestra que hay grandes diferencias en expectativa de vida incluso cuando hay muy poca distancia”, manifestó el investigador Martín Sabignoso, consultor sénior para América Latina en reformas financieras en salud, quien también fue viceministro de Salud de Argentina.
Camila Cifuentes, de Economía para la Pipol, coincidió en la charla de cierre “enfermarse fuera de la capital tiene un costo mayor para las familias”.
Múltiples distancias
Para Sabignoso, son múltiples las dificultades que enfrentan las personas que viven en sitios alejados cuando el servicio se brinda solo en los centros de salud en las ciudades.
- Distancia física
- Distancia organizacional para acudir a una cita: pedir permiso en el trabajo, buscar quién cuida a niños o adultos mayores, destinar más tiempo de traslado
- Distancia económica: es más caro en términos de pago de transporte, alimentación, y en algunos casos hospedaje
- Distancia operativa: tener que ir a citas o procedimientos repetitivos conlleva más tiempo y hace recuperación más compleja

En búsqueda de soluciones
La descentralización y que la atención salga de los edificios centrales y llegue a las comunidades y a las personas que la necesitan contribuirían a más equidad.
Según los especialistas, la solución no siempre es construir más hospitales o contratar a más personas, sino trabajar con lo que se tiene y con diferentes alianzas.
Aprovechar las instalaciones médicas y adaptar nuevos servicios, programas de visita médica, mayor capacitación para los profesionales, entre otras, pueden acercar más a las personas y lograr que tengan una mayor calidad de vida.
Uno de los ejemplos presentados durante el foro llegó de la mano de Karen Rosales, del programa Venceré, que trabaja en La Guajira, Colombia, con la población de indígenas Wayúu para mejorar su acceso a la detección temprana y al tratamiento del cáncer de mama. Este programa no solo acerca a las comunidades formas de diagnóstico temprano, sino que también toma en cuenta su cultura.
Son varios los servicios con los que esta población cuenta. Para contrarrestar la falta de infraestructura en zonas remotas, entidades aliadas como emprendimientos locales y farmacéuticas como Roche y Pfizer han introducido dispositivos de escáner portátil de tejido mamario impulsados por inteligencia artificial. Estos permiten preevaluar el riesgo de cáncer en pocos minutos directamente en las rancherías rurales de la Guajira colombiana y venezolana.
Experiencia en Costa Rica

Costa Rica también vive diferentes formas de descentralización de sus servicios de salud.
Un ejemplo son las Unidades Desconcentrada de Aplicación de Medicamentos Especializados (Udame), de la Caja Costarricense de Seguro Social. Esta iniciativa permite a los pacientes recibir tratamientos complejos y especializados en clínicas u hospitales de su propia comunidad, evitando que deban viajar largas distancias hasta los hospitales nacionales de San José.
El Hospital Enrique Baltodano, de Liberia, fue el pionero. La Nación narró en 2021, como la llegada de un oncólogo al centro de salud y la posibilidad de preparar quimioterapia en dicho hospital guanacasteco permitieron a pacientes con cáncer recibir su tratamiento en la misma provincia y no viajar hasta San José.
Un ejemplo es don Carlos, quien antes de la llegada de ese servicio debía a la 1 a. m. salir de su casa en La Cruz, cerca de la frontera con Nicaragua, para recibir quimioterapia en el Hospital México.
Desde entonces, varios centros regionales lo aplican. En el Hospital San Carlos, los pacientes reciben estos servicios desde noviembre de 2022.
El ejemplo más reciente es el Hospital Monseñor Sanabria en Puntarenas, donde el servicio recién ha cumplido un año y ha atendido a 190 pacientes.
“Cada paciente atendido representa una persona que pudo recibir su tratamiento cerca de su hogar, con mejores condiciones para mantener el apego terapéutico y el acompañamiento familiar. Estos resultados demuestran el impacto positivo de acercar los servicios especializados a las regiones”, afirmó Rándall Álvarez Juárez, director del Hospital.
