El País

El cerro advirtió la tragedia

Lagunas de Arancibia adquirió su nombre por los represamientos que, hacia 1993, hacían de la región un paraíso enclavado entre montañas.

Ahora, los geólogos saben que el agua se depositó en la huella de antiguos deslizamientos, ocurridos mucho antes de que los primeros pobladores se asentaran al pie del cerro El Silencio.

En 1987, tras el paso del huracán Gílbert por el Caribe, el macizo dio los primeros avisos de la tragedia que se avecinaba.

Geólogos de la Universidad de Costa Rica detectaron una franja de 800 metros con problemas geológicos calificados como “graves”.

“La belleza de las lagunas y los cerros de gran altura con pocos vestigios de bosque primario fueron la causa principal para que los primeros pobladores se asentaran en el lugar, sin percatarse de la amenaza por deslizamientos que este lugar ofrecía”, destacó en su informe el especialista Julio Madrigal.

Ola gigante

El cerro “sangró” por primera vez el 30 de octubre de 1993, cuando desde lo alto de la montaña se desprendieron 2,9 millones de metros cúbicos de tierra. Esto es el equivalente a la carga de 290.000 vagonetas.

La tierra cayó desde lo alto de una pared vertical –a unos 150 metros de altura– sobre una laguna.

Una ola arrasó parte del pueblo. Una casa, la escuela, el salón comunal y la plaza de futbol desaparecieron.

Tres miembros de la familia Chaves Jiménez (entre estos dos niños de 4 meses y 8 años) murieron; también tres hermanos que sembraban frijoles en una de las parcelas.

El informe de la CNE dice que la avalancha estaba conformada por un 70% de arena, un 20% de rocas y un 10% de árboles.

Nuevas lagunas

Siete años más tarde, el 27 de junio del 2000, un nuevo deslizamiento –casi cuatro veces más grande que el de 1993– sepultó 260 hectáreas de fincas. Ocho personas murieron.

En enero pasado, el geólogo Madrigal recorrió la zona. El experto detectó la formación de varias lagunas, creadas cuando el agua no encontró ruta de escape.

Para vigilar la zona, los vecinos de Bajo Caliente y Arancibia cuentan con un sistema de monitoreo del cerro.

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