‘El cáncer no hace fila’: Costa Rica podría duplicar los casos para el 2050, ¿cómo prevenirlo?
Retrasos de semanas en tratamiento elevan la mortalidad entre 8% y 12% y agravan las listas de espera
Durante el VIII Foro de Salud de La Nación, el biólogo de la UCR, Warner Alpízar, advirtió que la burocracia y los atrasos diagnósticos están provocando que los tumores se vuelvan biológicamente más heterogéneos y resistentes a los tratamientos. Rafael Pacheco Granados
Un retraso de apenas cuatro semanas en el tratamiento oncológico aumenta la probabilidad de muerte del paciente entre un 8% y un 12%. Mientras los pacientes aguardan meses por un examen diagnóstico o el resultado de una biopsia, la enfermedad avanza hacia estadíos incurables y el país se encamina a un escenario crítico: para el año 2050, se estima que la cantidad de diagnósticos y muertes por cáncer se duplicará.
El dato, extraído de un metaanálisis del Reino Unido que evaluó a casi 1,3 millones de personas, evidencia el costo mortal de las listas de espera. Así lo expuso Warner Alpízar, biólogo del cáncer de la Universidad de Costa Rica (UCR), durante el VIII Foro de Salud de La Nación, bajo el lema “Costa Rica, un paciente crónico”.
De acuerdo con las cifras de la Agencia Internacional para la Investigación en Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés), de la Organización Mundial de la Salud (OMS), durante el 2022 se diagnosticaron cerca de 13.000 personas con cáncer en el país, de las cuales 6.000 fallecieron. Si las tendencias se mantienen, en 24 años la cifra se elevará a 26.000 casos nuevos anuales y más de 13.000 decesos.
El especialista enfatizó que las capacidades instaladas, el recurso humano y las estrategias de salud no crecen a la misma velocidad que la curva epidemiológica, lo que genera cuellos de botella severos.
“Y el problema de llegar tarde es que ese tratamiento va a ser más agresivo, menos eficaz y más costoso para el sistema de salud”, advirtió Alpízar.
Esperar meses por una biopsia o endoscopia reduce drásticamente la supervivencia. Durante el VIII Foro de Salud, el especialista advirtió que el país debe pasar urgentemente de un modelo reactivo a uno preventivo. (Rafael Pacheco Granados/Rafael Pacheco Granados)
Los tres puntos de dolor
La ruta tortuosa del paciente atraviesa tres grandes puntos de dolor. El primero es la llegada al sistema, la cual suele retrasarse por barreras geográficas, desconocimiento de los síntomas o barreras sociales, como el miedo o la pena que sienten algunos hombres ante el tacto rectal o las mujeres ante el examen ginecológico.
El segundo se da en el primer nivel de atención. A diferencia de países como el Reino Unido, donde los médicos poseen guías homologadas y listas de cotejo para referir sospechas de cáncer, en Costa Rica no todos los profesionales tienen los mismos criterios. Esto ocasiona que las referencias fallen o, cuando ocurren, el paciente deba esperar hasta ocho meses por una colonoscopia, por ejemplo.
El tercer obstáculo radica en la entrega de resultados, que puede demorar hasta seis meses.
“Cuando por fin el oncólogo lo tiene en sus manos, el resultado ya está viejo u obsoleto porque el tumor cambió o avanzó en ese medio año. (...) Estamos perdiendo vidas”, recalcó Alpízar.
El precio de la espera
Llegar tarde pasa una factura alta tanto en vidas como en recursos. En el caso del cáncer de pulmón,un diagnóstico en estadío uno salva a seis de cada diez pacientes, pero en estadío cuatro sobrevive menos de uno. Una situación similar ocurre con el cáncer colorrectal: en estadio inicial se salvan nueve de cada diez personas, mientras que en fase avanzada solo se salva una.
Este último tipo de tumor es el de mayor y más acelerado crecimiento en el país en los últimos 20 años, con un repunte del 85% en el número de diagnósticos.Para contrarrestarlo, el especialista señaló como una “necesidad país” la implementación de pruebas de sangre en heces, las cuales son baratas y altamente costo-efectivas para estratificar a los pacientes con sospecha y derivarlos a una endoscopia.
El tiempo de diagnóstico marca la diferencia entre la vida y la muerte: tumores de alto impacto como el de pulmón o el colorrectal —este último con un alarmante repunte del 85% en dos décadas— tienen altas tasas de curación en su fase inicial, pero resultan letales para nueve de cada diez pacientes cuando la confirmación médica se retrasa. (Canva/Canva)
A nivel biológico, el tiempo es el peor enemigo. El biólogo explicó que las masas tumorales son heterogéneas; entre más avanza la enfermedad, la diversidad celular aumenta. Esto genera resistencia a las terapias e incrementa el riesgo de metástasis, responsable del 90% de las muertes oncológicas. Cuando se llega tarde, las intervenciones curativas son inviables y los efectos secundarios de los tratamientos golpean más fuerte.
¿Cómo prevenirlo? El salto a un sistema proactivo
Ante las proyecciones para el 2050, el especialista indicó que no se gana nada con la detección temprana si esta no lleva pronto a un tratamiento, y si no existen bases sólidas en el modelo de atención.
“La base de esto es un sistema de salud que previene enfermedad. Tenemos que pasar de ser reactivos a ser proactivos”, enfatizó el experto.
Por ello, insistió en el fortalecimiento de políticas públicas orientadas a disminuir los altos índices de sobrepeso y obesidad, factores que predisponen al desarrollo de tumores y otras enfermedades crónicas no transmisibles.
A esto debe sumarse un trabajo articulado en tres ejes: prevención de la enfermedad, diagnóstico temprano y fortalecimiento del tratamiento.
Impacto económico y barreras para la investigación
Alpízar también explicó el impacto económico de los diagnósticos tardíos. Por ejemplo, tratar un cáncer de mama en estadío uno cuesta menos de la mitad que en estadío cuatro.
A esto se suman los costos del bolsillo de las familias por traslados y cuidados, así como el impacto en la economía nacional.
Datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) revelan que Costa Rica pierde $149.000 (₡67,7 millones) en términos de productividad por cada muerte por cáncer, la cifra más alta entre los países latinoamericanos de la organización.
Ahora, a pesar de la urgencia de tomar decisiones basadas en evidencia, la investigación enfrenta sus propias barreras institucionales. Un proyecto preliminar de la UCR sobre cáncer de próstata diagnosticado entre 2016 y 2020 determinó que el 58% de los pacientes llegaron tarde, en estadíos tres y cuatro. Sin embargo, para acceder a estos datos, los investigadores tuvieron que hacer trámites burocráticos durante tres años y ocho meses.
En ese sentido, el especialista hizo un llamado a fortalecer la articulación entre el sector público, privado y la academia para pasar de un sistema reactivo a uno proactivo.