Carlos Láscarez S.. 14 diciembre, 2017

La Comisión Nacional de Patrimonio Cultural Inmaterial (Conapaci) declaró al 'Juego o Fiesta de los diablitos', como Patrimonio Cultural Inmaterial de las comunidades indígenas de Boruca y Rey Curré, en Buenos Aires de Puntarenas.

La comunidad indígena de Boruca había solicitado la declaratoria semanas atrás, la cual fue aprobada por el mandatario Luis Guillermo Solís Rivera y la ministra de Cultura, Sylvie Durán Salvatierra, quienes firmaron el decreto Nº 40766-C.

"Nos complace que esta hermosa manifestación ancestral de las comunidades de Boruca y Rey Curré siga siendo reconocida. Ha sido nuestra voluntad como Gobierno, que el Patrimonio Cultural Inmaterial, que es sello de nuestra identidad, ocupe un lugarespecial en la agenda política", manifestó el presidente Solís.

El Juego de los Diablitos representa la lucha entre el invasor español, representado por el toro y los indígenas (diablitos). Durante cuatro días recorren la comunidad peleando contra el toro. Foto: Mayela López
El Juego de los Diablitos representa la lucha entre el invasor español, representado por el toro y los indígenas (diablitos). Durante cuatro días recorren la comunidad peleando contra el toro. Foto: Mayela López

Por su parte la ministra Durán aseveró que "la declaratoria reconoce el principal ritual de la comunidad Brunca y su cosmogonía. Se suma a un conjunto de declaratorias nacionales de Patrimonio Inmaterial al Calypso, al Swing Criollo, al Tope de Toros; así como al Boyero y la Carreta con su declaratoria de nivel internacional".

Añadió que 'todas ellas van dando cuenta de nuestra diversidad cultural, y esta destaca por ser la primera que se declara específicamente en una comunidad indígena'.

La declaratoria inició su proceso desde las propias comunidades indígenas de Boruca y Rey Curré, donde se definió una comisión que recogió todos los elementos propios de este juego, mediante entrevistas en la comunidad a los actores que forman parte de esa práctica.

Melvin González Rojas, miembro de la comunidad Boruca y de la Comisión de Patrimonio de ese pueblo indígena, expresó que tienen muchos años de conservar este legado, el cual fue dejado por los abuelos, por lo que ahora corresponde pasarlo a las nuevas generaciones.

"Esta declaratoria viene a reforzar el trabajo que estamos haciendo, a darnos fuerza en momentos oportunos, porque en este momento el Juego de los Diablitos experimenta un cambio cultural importante, ya que nuestros miembros mayores ya no están, los hemos perdido a todos en los últimos dos o tres años", dijo González.

Lucha contra españoles. A finales de enero de cada año, la comunidad indígena Rey Curré – situada 232 kilómetros al sureste de la capital– se convierte en un pequeño infierno: un espacio muy caliente y lleno de "diablos".

El juego de los diablitos es una de las tradiciones indígenas más antiguas del país. Está integrada por indígenas de la etnia boruca, quienes se esfuerzan por mantenerla viva.

Durante la noche del cuarto día el toro es vencido y quemado, dicta la tradición.También en las casas es permitido la ingesta de chicha. Foto: Mayela López
Durante la noche del cuarto día el toro es vencido y quemado, dicta la tradición.También en las casas es permitido la ingesta de chicha. Foto: Mayela López

Dicha tradición representa la lucha que los indígenas nativos de lo que hoy es el sur de Costa Rica libraron contra los conquistadores españoles.

El inicio del festejo lo marca la llamada "nacencia" de diablitos, el jueves a la medianoche en la cima de una montaña. En ese lugar, el diablo mayor (que es como el líder del grupo), hace sonar un caracol en señal de que los diablitos nacieron.

Estos personajes –ataviados con sacos de gangoche, hojas de plátano y máscaras talladas en madera– visitarán las primeras casas durante la madrugada y en la mañana del viernes se enfrentarán, por primera vez, contra su archienemigo el toro.

Entre las principales prácticas de salvaguardia del Juego de los Diablitos, resaltan acciones para la elaboración de chicha y la transmisión de la tradición en niños y jóvenes, mediante conversatorios y talleres para fortalecer la práctica de la lengua boruca.