Daniela Cerdas E.. 14 abril
Unas 50.000 personas cursan la secundaria en instituciones educativas nocturnas. (Imagen con fines ilustrativos). Foto: Jeffrey zamora
Unas 50.000 personas cursan la secundaria en instituciones educativas nocturnas. (Imagen con fines ilustrativos). Foto: Jeffrey zamora

Niños de 12 años que apenas comienzan la adolescencia y deberían acudir a clases con personas de su edad durante la mañana o tarde, son admitidos en colegios nocturnos donde tienen por compañeros a adultos de hasta 64 años que trabajan, tienen su propia familia y otras preocupaciones.

La situación no es normal ni tampoco correcta, sin embargo se presenta en 24 de los 84 Centros Integrados de Educación de Adultos (Cindea) del MEP que, como lo dice su nombre, esta dirigido a mayores de edad.

La situación fue detectada por la Auditoría Interna del MEP durante un estudio que comprendió el análisis integral de la modalidad Cindea (Informe 21-18), dado a conocer a inicios de este año.

En 2014, 2015 y 2016, los centros nocturnos de educación para adultos permitieron el ingreso de 36 niños de 12 años; 104 de 13 años y 917 de 14 años.

Según la Auditoría, en esos tres años, la población menor de 18 años (de 12 a 17 años) representó el 28% de la matrícula de los Cindea, que cuenta con alrededor de 50.000 alumnos.

La Auditoría explicó que mezclar estas dos poblaciones entorpece y dificulta el aprendizaje de los adultos, población de características diferentes, con mayores necesidades y motivaciones. Ellos critican tanto que se permita el ingreso de menores de entre 12 y 14 años como de entre 15 y 17 años.

El Reglamento de Matrícula y Traslados del MEP establece que la edad mínima de ingreso a las modalidades de la educación para personas jóvenes y adultos es de 15 años en adelante.

“Cuando la modalidad Cindea se creó la edad de ingreso era de 18 años y estudiantes mayores de 15 que laboraran. Sin embargo, con el tiempo esto cambió y se dejó en estudiantes mayores de 15 años, lo que es contradictorio ya que el Cindea como su nombre lo indica es un centro para Educación de Adultos, modalidad pensada y creada para el estudiante adulto, acorde a sus necesidades y características, no así para menores de edad que aunque cuenten con más de 15 años no califican como adultos”, dijo la Auditoría en su informe.

María de los Ángeles Alvarado, jefa del Departamento de Educación de Personas Jóvenes y Adultas del Ministerio de Educación Pública (MEP), defendió que se permitiera el ingreso de menores de edad, a pesar de las críticas de la Auditoría.

Según ella, solo por casos excepcionales, es que se puede permitir el ingreso de menores de entre 12 y 14 años; en el caso de mayores de 15 años es permitido, alegó.

“Por alguna excepcionalidad es que se matriculan personas menores de 15 años y quien autoriza son los supervisores. Puede ser alguna persona que haya sufrido un problema de bullying, personas muy vulnerables que haya salido en estado de embarazo y su familia no quiere que asista a un centro educativo diurno. Una persona con algún tipo de enfermedad, a solicitud de los padres, o alumnos que tuvieron algún problema y decidieron no ir a la escuela”, manifestó la funcionaria.

¿Cuál es el problema de mezclar adultos con adolescentes y niños en un aula?

“Hacen mucho desorden; la expectativa de un menor de edad de salir adelante es menor que la de un mayor de edad. Son los que presentan más ausentismo, son distractores para los otros. En su mayoría son desertores del liceo diurno, la mayor cantidad de incidencias con problemas lo tenemos con la alumnos de 15 y 18 años; son chiquitos que no trabajan y no producen nada en la casa”.

Así explicó Jorge Escobar, director del Cindea Colonia Puntarenas, en Upala, la experiencia de tener adultos y adolescentes mezclados en un mismo aula. En una, contó, estudian alumnos de 15 años y señoras de 64.

Este es uno de los Cindea que la Auditoría descubrió que tenían una matrícula de estudiantes menores a 15 años, en 2016. Escobar dijo que él no era director cuando se permitió ingresar a menores de esa edad.

Actualmente, solo se aceptan mayores de 15 años, pero indicó que los menores de edad son los que más problemas producen dentro del colegio. De una población de 411 estudiantes, 100 son menores de 18 años.

Según la Auditoría, el estudiante adulto del Cindea posee un perfil característico que lo diferencia de los estudiantes jóvenes. Su realidad comprende áreas no contempladas por la mayoría de los adolescentes, en las que se incluye el trabajo, la paternidad o maternidad, autonomía e independencia.

Además, su orientación se centra en la vida, los problemas y tareas, presenta motivaciones externas (empleo, promoción, mejor salario) y motivaciones internas (mayor satisfacción en el trabajo, autoestima, calidad de vida, entre otras) para seguir creciendo y desarrollándose.

Consecuencias

La Auditoría visitó 33 Cindea para entrevistar a los directores quienes coincidieron en que las consecuencias de mezclar estas dos poblaciones “son negativas”, ya que las diferencias entre ambas son abismales y es difícil acoplarlas.

El estudiante adulto en muchos casos vuelve a estudiar después de largos periodos de pausa, motivado por la necesidad de terminar sus estudios, lo cual resulta muy diferente al del estudiante adolescente.

“Muchos de los (adolescentes) han abandonado los estudios e ingresan al Cindea buscando una opción fácil y rápida, por lo que es de la opinión de la mayoría de ellos que esta combinación termina afectando negativamente al estudiante adulto, además para los estudiantes menores de edad, existen varias ofertas educativas, no así para los adultos que estudian en un Cindea”, advirtió la Auditoría.

El Cindea de Florencia, en San Carlos, también aparece en la lista de instituciones que tienen matriculados menores entre 14 y 12 años.

Alicia Ledezma, directora de este centro de estudios, manifestó que ella tiene matriculados 15 menores de edad; de esos, 12 tienen entre 12 y 14 años. Explicó que hay dos razones fundamentales para que estén allí: que son jóvenes cuyos padres por su condición economica no los pueden tener en el día o necesitan que esos menores les ayuden en la atención de las necesidades de la familia.

“Los mayores al iniciar el curso lectivo les advierten a los menores que ahí se llega a estudiar y no a perder el tiempo. Mantengo mi posición de darles la matrícula a los menores con tal de que puedan ganar el bachillerato. El hecho de compartir mayores y menores les ayuda en la formación de su personalidad, les enseña la importancia de prepararse para el mañana y de no estar sin hacer nada; prefiero tenerlos en las aulas que no estén desocupados”, dijo la directora.

Su versión pareciera respaldarla uno de esos estudiantes, quien llegó al Cindea en el 2018, con 15 años. Según dice, lo hizo para trabajar durante el día y financiarse los estudios.

“Es la mejor decisión que he tomado, porque el hecho de relacionarse con alumnos de 25 y más años me está haciendo madurar y aprovechar el tiempo. Mis compañeros me han insistido en que si creo que el colegio es para jugar, que mejor se devuelva a un colegio diurno. El estar en el Cindea me permite trabajar en la mañana y parte de la tarde y de esa forma obtener ingresos para pagar uniformes y material didáctico”, manifestó.

A pesar de que hay experiencias como la de ese joven, la Auditoría del MEP giró instrucciones a los directores de estos centros para que no den matrícula a los estudiantes menores de 15 años.

Además, solicitó al Consejo Superior de Educación gestionar la elaboración de un estudio formal sobre la conveniencia de permitir el ingreso a los Cindea de estudiantes menores de 18 años, con el fin de establecer claramente cual deberá ser la edad idónea de ingreso a esta modalidad.

Cindea
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