
Tras casi 48 horas de sortear obstáculos y dificultades, la familia del nicaragüense Abel Maybill Zelaya finalmente pudo enterrarlo ayer a las 3 de la tarde en el Cementerio Calvo, en San José.
Después de acudir infructuosamente a las autoridades costarricenses y nicaragüenses en busca de ayuda, la esposa del difunto, Rufina Sabino Mackensi, estaba desesperada.
Fue entonces cuando tomó la decisión de enterrar a su marido enfrente de su casa ubicada en la ciudadela La Carpio, en La Uruca.
Cuando empezaron a cavar la fosa, los vecinos se alarmaron y contactaron a las autoridades.
En ese momento la embajada de Nicaragua y la Asociación de Miskitos residentes en Costa Rica realizaron las gestiones y consiguieron un nicho en el cementerio Calvo para darle cristiana sepultura al nicaragüense.
Maybill Zelaya y su compatriota Belisario Castro Gutiérrez murieron el pasado martes 25 de noviembre cuando un derrumbe cubrió una zanja de siete metros que ellos mismos habían cavado.
Ambos trabajaban en la construcción de un acueducto ubicado en Guararí de Heredia.
Roberto Leskly Zelaya, medio hermano de la víctima, dijo que lo planeaban enterrar frente a su casa ya que no tenían dinero ni familiares en el país que les ayudaran para cubrir los gastos propios del funeral.
Sin embargo, Virginia Céspedes, directora general de la Oficina de Salud de Heredia, indicó que de haberse efectuado el improvisado funeral “casero” las autoridades habrían procedido a exhumar el cadáver, ya que está prohibido por ley enterrar personas en sitios que no hayan sido aprobados por el Ministerio de Salud.
Aparentemente, la empresa constructora que empleaba a Maybill cubrió los costos del ataúd y del transporte pero no encontró un lugar para el entierro.
La familia de Maybill es indígena miskita y no habla muy bien español, esto le dificultó las gestiones fúnebres. Los miskitos son una población originaria de la costa atlántica nicaragüense, limítrofe con Honduras.
Se desmayó
Durante el entierro, la esposa del fallecido sufrió un desmayo, por lo que fue necesario llamar a la Cruz Roja. Rufina Sabino Mackensi tiene cinco meses de embarazo del que será su quinto hijo.
Ella declaró que nadie quiso ayudarles porque no tenían los papeles migratorios que pedían.
Según denunció, nunca le devolvieron las pertenencias de Maybill, ni sus documentos personales, que aún están en manos del Organismo de Investigación Judicial.