En San Lorenzo de Flores, Heredia, el apóstol Pedro no apareció cuando más se necesitaba.
Aunque nadie supo adónde fue a dar, los vecinos se las ingeniaron para que doce discípulos participaran en la procesión del Domingo de Ramos, desde la ermita del pueblo hasta el templo de piedra de San Joaquín.
El número doce fue Luis David Montero, a quien despertaron a las 7:30 de la mañana y le encaramaron una túnica y sandalias.
Así, Montero, un joven, espigado y sin barba, que en nada se parecía a las imágenes que representan a Pedro, representó al discípulo a quien Jesús eligió como el primer conductor de la Iglesia Católica.
“La verdad, no sé cuál es mi rol específico... aquel, Rodolfo Hidalgo, es Judas”, contó Luis David mientras se arreglaba.
Discípulos de carne y hueso y un burro cargando la imagen del Señor del Triunfo son una tradición de décadas en San Lorenzo de Flores, un pueblo donde aún es común ver cafetales, beneficios, vacas y caballos tras las cercas de púas de las casas de adobe.
Ayer, Domingo de Ramos, un burro llamado Pancho condujo por quinto año consecutivo la imagen del Señor del Triunfo por más de un kilómetro de asfalto caliente: desde la humilde iglesia de San Lorenzo hasta la imponente estructura de piedra de San Joaquín de Flores.
Efraín Rodríguez, tiene poco más de 70 años, y ha sido testigo de cómo “los hijos de los hijos de los hijos”, pasan esta costumbre entre generaciones.
El dueño del burro, Víctor Arguedas, también contó que la tradición del burrito viene desde su tatarabuela: “Hace más de cien años de esto”.
El Domingo de Ramos recuerda la entrada triunfal de Jesús a la ciudad de Jerusalén. Allí lo recibieron con palmas y vítores; poco después fue crucificado.
Honor para Lolita
Por segundo año consecutivo, el arzobispo de San José, monseñor Hugo Barrantes, montó ayer a Lolita, una mula que viaja todos los Domingos de Ramos desde La Palmera de San Carlos –a 30 kilómetros de Ciudad Quesada– para recrear, en la capital, la entrada de Jesús en Jerusalén.
“Queremos llevar el mensaje de Cristo, que nos repite, luego de 2.000 años, que el mundo se construye con paz, amor y justicia”, dijo Barrantes poco antes de hacer el recorrido de cuatro cuadras desde el templo de La Soledad hasta la Catedral Metropolitana.
“La burrita –en su caso, la mula– nos recuerda que Jesús quiso entrar como un rey pacífico, sencillo y de servicio”, agregó.
Miembros de la Pastoral Juvenil Arquidiocesana y otros feligreses siguieron la procesión.
Allí iban los jóvenes Adrián Sandí, de 23 años, Marilyn Rodríguez, de 20, y Manuel Valle de 26. También estaban María Cristina Morales, de 66 años, y María López, de 54.
Todos, con gran devoción, batían palmas y cantaban.