
Un arrollado de atún en mal estado provocó la molestia de varios de los diputados quienes, regularmente, visitan el cafetín, la soda anexa al plenario del Congreso.
A otros tampoco les gustó un guiso de zapallo servido en forma de “gallos”.
Mucho menos fue del agrado de los legisladores una especie de torta de huevo. El mismo presidente legislativo, Gerardo González, arruga la cara cuando se acuerda de ese platillo.
González confirmó que varios legisladores le hicieron saber la molestia por la calidad de los alimentos que se les suministra en el cafetín.
La queja llegó al Directorio del Congreso, que en la sesión del 25 de agosto pasado acordó subir de ¢20.000 a ¢25.000 el gasto diario en concepto de alimentación para los diputados que asisten a las sesiones del plenario.
También se le encargó al Departamento de Proveeduría vigilar que la calidad de los bocadillos sea la apropiada.
Dos de calidad
“Que sean dos bocadillos, pero que sean de calidad, y que no nos obligue a gastar más plata”, manifestó González.
Otro problema que se presenta es el “abuso”, según González, de cuatro o cinco legisladores que repiten varias veces.
“Es que algunos diputados ni siquiera tienen tiempo de almorzar por atender comisiones”, justificó González.
Antes, en el 2002 y 2003, en las presidencias de Rolando Laclé y de Mario Redondo, a los parlamentarios solo se les suministraba café, gaseosas y galletas. La Cooperativa de Empleados de la Asamblea les vendía repostería y sandwiches.
Cuando González llegó a presidir la Asamblea Legislativa, en mayo, se propuso mejorar la alimentación de sus colegas. Por eso, el Directorio avaló un gasto diario de ¢20.000 en bocadillos.
El vicepresidente legislativo, Juan José Vargas, dijo que los actuales diputados están a disgusto debido a que no pueden disfrutar de las “comilonas” de otras asambleas legislativas.
“Hay diputados repitientes que han dicho que la comida de antes era cinco estrellas”, sostuvo Juan José Vargas.
El liberacionista Luis Gerardo Villanueva, que fue legislador en el período 1994-1998, rechazó la afirmación de Vargas.
“A mí me tocó vivir el pacto de la galleta, cuando solo nos daban galletillas de soda”, dijo.
El cafetín es el lugar a donde los diputados van a negociar y a los servicios sanitarios. Algunos también aprovechan el sitio para fumar.