
El hallazgo del fósil de una nueva especie de reptil marino, en el sur de China, ha ayudado a los científicos a explicar el porqué del largo cuello de los protosaurios y ha puesto fin a uno de los grandes misterios de la zoología.
Según un estudio publicado hoy en la revista Science, el fósil de esa nueva especie ha permitido establecer una relación entre el tamaño del cuello de estos animales y la captura de sus presas en el agua para alimentarse.
Los protosaurios eran una especie depredadora de reptiles que poblaron el planeta hace unos 280 millones de años. Se caracterizaban por un cuello que generalmente era tan largo o más que el tronco.
En la nueva especie, bautizada Dinocephalosaurus orientalis –que significa el reptil de cabeza terrible del Oriente– el cuello medía 1,7 metros, mientras su tronco tan solo un metro.
El Dinocephalosaurus orientalis está relacionado genéticamente con el Tanystropheus, otro reptil de cuello largo que vivió en la zona de Europa y en el Medio Oriente.
No obstante, los investigadores dicen que la nueva criatura tenía 25 vértebras cervicales, más que el doble de las que poseía el Tanystropheus. De esas vértebras salían huesos similares a los de las costillas, que daban solidez al cuello.
Hasta ahora se creía que la longitud desproporcionada del cuello de los protosaurios se debía a un patrón de crecimiento, más que a una adaptación funcional específica.
Sin embargo, el hallazgo del fósil del Dinocephalosaurus orientalis ha proporcionado nuevas pistas que sugieren que el cuello de esos animales –con 25 vértebras– era un arma muy efectiva para capturar sus presas en el agua.
“Finalmente, hemos explicado el objetivo funcional de ese cuello largo y extraño. Le permitía un ataque perfecto sobre su presa, que era generalmente un pez o un calamar”, señaló Olivier Rieppel, uno de los autores del estudio y presidente del Departamento de Geología, Anfibios y Reptiles Fósiles del Museo Field, de Chicago.
Buena táctica
Para muchos depredadores en el agua, la aproximación provoca una onda que alerta a su presa y los cocodrilos, con su cabeza plana, han resuelto el problema mediante un acercamiento lateral que minimiza esa presión.
Sin embargo, los protosaurios parecen haber utilizado un método diferente.
Cuando se lanzaba hacia su presa, las paredes del cuello del dinosaurio se expandían para aumentar el diámetro del esófago. Esa maniobra creaba una fuerza de succión que elimina la presión del agua arrastrando consigo el alimento del animal.
La succión de esos antiguos animales era diferente a la utilizada por otros reptiles, como las tortugas.
“En vez de abrir el hocico para atraer a su presa, los dinocephalosauros expandían todo su cuello”, manifestó Michael LaBarbera, profesor de Biología y anatomía de la Universidad de Chicago.
Además, el largo cuello era una forma de engaño que utilizaba este protosaurio.
“Para un pez en aguas turbias, la cabeza de un Dinocephalosaurus orientalis habría tenido la apariencia de un animal de su propio tamaño, pero cuando el pez veía el enorme cuerpo que había detrás, ya se había convertido en almuerzo”, explicó LaBarbera.
“El Dinocephalosaurus orientalis nos ha dado nueva luz sobre la evolución de los protosaurios y la morfología funcional de estos reptiles marinos de largo cuello”, indicó Chun Li, autor del estudio e investigador del Instituto de Paleontología Vertebral y Paleoantropología de la Academia China de Ciencias de Pekín.