
La presencia del virus de hepatitis E quedó registrada por primera vez en aguas residuales de Costa Rica, según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Costa Rica (UCR) y la Universidad Nacional de Córdoba, en Argentina. El hallazgo surgió tras analizar muestras recolectadas en la principal planta de tratamiento de aguas residuales de San José, que atiende a cerca de un millón de personas.
¿Qué es la hepatitis E?
La hepatitis E es una enfermedad causada por un virus que afecta el hígado. En muchas personas provoca síntomas leves, como cansancio, fiebre, dolor abdominal, náuseas y coloración amarilla en la piel y los ojos. Sin embargo, algunas infecciones pasan desapercibidas porque no siempre generan síntomas.
La enfermedad forma parte del grupo de hepatitis virales, igual que las hepatitis A, B y C, aunque no todas se transmiten de la misma manera. La hepatitis E se propaga principalmente por la vía fecal-oral, es decir, cuando agua o alimentos entran en contacto con residuos fecales contaminados. Por esa razón, comparte similitudes con la hepatitis A, que también suele relacionarse con contaminación del agua o problemas sanitarios. En cambio, las hepatitis B y C se transmiten principalmente por contacto con sangre u otros fluidos corporales.
Algunos tipos del virus infectan únicamente a humanos, mientras otros también circulan entre animales como cerdos y jabalíes. Según el artículo publicado en la revista científica Food and Environmental Virology, existen ocho genotipos del virus de hepatitis E. Los genotipos 1 y 2 suelen estar asociados con agua contaminada, especialmente en Asia, África y México. Los genotipos 3 y 4 pueden transmitirse entre animales y personas, principalmente mediante carne cruda o poco cocida.
¿Qué encontraron en Costa Rica?
El estudio costarricense identificó secuencias genéticas relacionadas con el genotipo 3, una variante distribuida en distintas regiones del mundo y vinculada con infecciones tanto en humanos como en cerdos.
La investigación se desarrolló entre marzo y setiembre del 2025. Durante ese periodo, los científicos recolectaron semanalmente muestras de agua que ingresaban y salían de la planta de tratamiento. En total analizaron 54 muestras mediante técnicas de laboratorio diseñadas para detectar material genético del virus.
Aunque las pruebas iniciales no detectaron cantidades medibles del virus, un análisis más sensible permitió identificar tres muestras positivas en las aguas residuales que ingresaban a la planta. Después, los investigadores lograron obtener dos secuencias genéticas parciales para analizar el tipo de virus presente.
¿Cómo funciona la vigilancia en aguas residuales?
Los autores explicaron que la vigilancia de aguas residuales funciona como una herramienta para monitorear enfermedades en comunidades enteras. Esto ocurre porque las personas infectadas eliminan partículas virales en las heces, incluso cuando no presentan síntomas, y esos rastros llegan a los sistemas de alcantarillado.
El estudio también señala que la hepatitis E suele estar subdiagnosticada en América Latina. En muchos países no forma parte de las pruebas habituales para pacientes con hepatitis aguda, por lo que algunos casos terminan clasificados como hepatitis de origen desconocido.
Los investigadores consideran que este tipo de monitoreo ambiental puede ayudar a identificar virus que circulan silenciosamente en regiones donde las pruebas clínicas son limitadas. El trabajo representa además el primer reporte científico de detección ambiental del virus de hepatitis E en Centroamérica.
El estudio se titula First Detection of Hepatitis E Virus in Wastewater in Costa Rica y fue elaborado por Bradd Mendoza-Guido, Taimy Calvo, Luis Chacón, María Belén Pisano, Gisela Masachessi y Luz Chacón, de la UCR y la Universidad Nacional de Córdoba.
