Forma parte de una banda de descuideros. En buenas palabras, se dedica al hurto en supermercados, tiendas de ropa, y de todo lo que esté mal puesto.
Según dice, cualquier artículo robado, nuevo o usado, cuenta con un topador que lo adquiera y ponga de nuevo en circulación.
“El tipo de topador tiene que ver con el tipo de ladrón”, explicó a La Nación con la condición de que no se revelara su nombre.
Unos topadores compran a asaltantes callejeros relojes, joyas, celulares. Si alguien aparece con un televisor, una cámara o ropa nueva, también la compran.
Pero estos artículos corresponden a otro tipo de topador que pacta con ladrones de casas.
Un tercer topador es con el que trabaja el entrevistado: adquiere artículos nuevos, paga mejor que las “compra y venta”, y no acepta cosas obtenidas con violencia pues pueden contar con una denuncia en el OIJ.
Por lo general, el número telefónico del topador pasa de un delincuente a otro. “Nosotros los llamamos cuando tenemos mercancía interesante, o ellos piden un artículo en específico”, dijo.
El volumen es importante: relojes, zapatos, camisas, juguetes. Incluso hay topador para medicinas, golosinas y lonchitas de queso.
“Manejamos una tabla de precios: mientras este topador paga mejor la ropa, este otro prefiere los artículos de belleza”, explicó.
La colocación de las mercancías es diversa: “A veces tratamos con uno que tiene dos locales en calle 10, y uno de nuestros ‘fijos’ tiene un chinamo en el Mercado de las Pulgas”, dijo.