La abrupta salida del poder del presidente venezolano, Hugo Chávez, aceleró el jueves el ritmo de la XVI Cumbre del Grupo de Río, reunido en San José, que se encaminaba a ser un encuentro de buenas intenciones.
La crisis venezolana incrementó el protagonismo del encuentro presidencial, impuso el primer gran desafío al liderazgo de Costa Rica en el Grupo de Río, puso a prueba la Carta Democrática Interamericana y retó la consistencia de los gobernantes latinoamericanos en su respeto al orden democrático.
Sin poner un pie en Costa Rica, Chávez estuvo más presente que muchos de los 13 gobernantes participantes en la cita, que comenzó la noche del jueves y terminó el viernes.
La situación de Venezuela colocó en segundo plano de la agenda el tema principal impulsado por Costa Rica: familia y pobreza; pero diplomáticos nacionales y extranjeros coincidieron en que el desplazamiento era natural.
Cuando se concretó el levantamiento contra Chávez, los grupos técnicos ya habían consensuado un documento para dar más apoyo al combate de la pobreza a través del apoyo a las familias, según Javier Sancho, coordinador de la delegación costarricense.
El jueves una periodista venezolana se lamentaba de haber sido enviada a Costa Rica a cubrir la Cumbre y estar "en esta tumba", mientras en Caracas ocurrían acontecimientos históricos.
Cambio de planes
El Grupo de Río, integrado por 19 naciones latinoamericanas, es un foro de concertación y diálogo creado en 1986 para fijar posiciones conjuntas en temas de interés común.
Al reventar el jueves una crisis de gran magnitud, Costa Rica que lidera el Grupo este año no dudó en modificar la agenda.
Rodríguez invitó al Secretario General de la Organización de Estado Americanos (OEA) que finalmente no llegó y dedicó la primera sesión de los presidentes a discutir el tema venezolano.
Lejos de restarle relevancia a la cita organizada por Costa Rica, la Cumbre se convirtió en el principal escenario político internacional para tratar el tema venezolano, comentó la vicecanciller costarricense, Elaine White.
"Hemos estado sustituyendo la agenda a la cual fuimos convocados por la agenda urgente, que ha sido Venezuela", comentó el mandatario uruguayo, Jorge Batlle, al salir de una reunión.
Prueba de Hugo
El viernes la Cumbre no era la misma.
Aunque para varios países la renuncia obligada de Chávez significó "una amenaza menos" como lo calificó un diplomático suramericano los 13 gobernantes presentes no podían avalar una ruptura del orden constitucional.
Hace apenas siete meses la Organización de Estados Americanos (OEA) aprobó en Lima la Carta Democrática Interamericana, mecanismo promovido por Costa Rica que impone sanciones a países que rompan las instituciones democráticas.
Paradójicamente, Chávez fue uno de los críticos más fuertes de la Carta, documento que ahora la OEA aplica para condenar la forma como el venezolano fue sacado del poder.
"De lo que hagamos o dejemos de hacer sentaremos un precedente sobre la viabilidad, la fuerza y la convicción de la Carta Democr¥¥atica", dijo el viernes el presidente peruano, Ricardo Toledo.
Los gobernantes no se arriesgaron a reconocer o desconocer a las nuevas autoridades venezolanas y oficialmente prefirieron sujetarse estrictamente al mecanismo que establece la Carta, cuyo primer paso es convocar al Consejo Ppermanente de la OEA.
Así, antes de emitir cualquier pronunciamiento, escogieron la opción segura de posponer una decisión y seguir el procedimiento establecido.
En juego están la credibilidad de la Carta Democrática y el liderazgo de Costa Rica en el Grupo de Río.