Meucci había descubierto, hacia 1860, que la transformación de las vibraciones sonoras en impulsos eléctricos permitía transmitir la voz a través de un cable.
Tras desarrollar sus experimentos en La Habana, Cuba, depositó en 1871 en Nueva York una demanda de patente de su invento: el "teletrófono". Este documento no lo renovó dos años después al carecer del dinero para ello.
En 1874 decidió presentar su prototipo a la poderosa compañía de telégrafos Western Union, que en principio no pareció muy interesada y llegó, incluso, a afirmar que había perdido el prototipo.
Dos años más tarde, Meucci leía con estupor los titulares de la prensa que celebraban la "invención" del teléfono por el investigador escocés Graham Bell, patrocinado por la Western Union.
En ese momento inició una batalla legal con la compañía y, aunque un tribunal de Nueva York le dio la razón, en 1887, no pudo reclamar parte de los beneficios económicos del invento pues su patente había caducado.
La semana pasada, el Congreso norteamericano aprobó un documento en el que se reconoce a Meucci como el inventor.