Mientras en el bienio 1983-1985 se suicidaban 0,42 personas por cada 10.000 habitantes, más de 10 años después, en el periodo 1995-1997, esa tasa subió a 0,58 suicidios por cada 10.000.
Según cifras del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), de 1986 a 1998 se suicidaron 2.210 personas, de las cuales el 11,2 por ciento correspondía a jóvenes menores de 20 años.
Estos valores alarmaron a los especialistas del Hospital Nacional de Niños, quienes realizaron un estudio sobre las tendencias suicidas entre la población adolescente inscrita en el sistema educativo.
Durante el segundo semestre de 1998 se realizó una encuesta entre 6.996 estudiantes de 84 colegios públicos, privados y técnicos del país, que revelaron que el 11,78 por ciento de los jóvenes tiene elevados niveles de desesperanza, factor importantísimo en la decisión de autoeliminarse.
Así las cosas, Alberto Morales, pediatra de dicho centro médico, reveló que más de 824 de los encuestados dijeron, entre otras cosas, que no tenían buenas relaciones con su familia, que no recibían apoyo de este grupo, que no contaban con amigos ni disfrutaban con las personas a su alrededor.
Los indicadores
Todos estos indicadores se incluyen dentro de la escala de desesperanza de Beck, herramienta que se basa en 20 preguntas de falso y verdadero.
Si aparecen 10 o más respuestas con resultados negativos, como los anteriores, es porque el joven está muy desesperanzado y por lo tanto, con altas posibilidades de engrosar la lista de tentativas de suicidio. (Vea recuadro adjunto).
Las cifras también revelaron que las mujeres son más propensas al suicidio, ( 6,23 por ciento), por encima el 5,27 por ciento de los hombres.
La trabajadora social Rocío Chaves explicó que estas cifras son más latentes entre las jovencitas de cuarto año de colegios públicos.
Morales consideró que esta vinculación entre el año escolar y el aumento es los deseos de autoeliminarse viene de la mano de la percepción de los jóvenes de que el cuarto año siempre es más difícil que quinto, y que, por lo tanto, se sienten más presionados con el estudio.
El psicólogo clínico Wálter Ramírez hizo ver que muchos de los casos de intento de suicidio que atiende en el Hospital de Niños son provocados por la presión que los padres ejercen sobre los menores.
Expresiones como: "si no salís bien en el colegio te la ves conmigo", provocan una presión extraordinaria en el joven que puede motivarlo a eliminarse.
Además, aunque en el país no existen cifras que lo corroboren, el psicólogo considera que si un paciente se intenta matar en una ocasión, si no recibe la atención debida, puede realizarlo repetidamente hasta que consiga su objetivo.
La clave del éxito para evitar situaciones extremas entre los adolescentes es conversar con ellos, Ramírez considera que el diálogo es una herramienta fundamental para una buena relación entre padres e hijos.