Entre anteproyectos, proyectos, obras en construcción o recientemente concluidas, la Municipalidad de Escazú sumaba veinticinco nuevos condominios en enero; es decir, edificios de cinco o más pisos.
Tal auge suscita reacciones entre vecinos de Escazú, que temen el impacto que el auge tendrá para el cantón en cuanto a servicios, vialidad, ambiente y paisaje.
En la Municipalidad, el alcalde Marco Segura reconoció la inconformidad de algunos vecinos. Sin embargo, aseguró que, mientras no se cuente con un plan regulador del cantón, no es posible negar permisos a los proyectos que cumplan con lo estipulado por el plan de la Gran Área Metropolitana.
“Mientras tanto, sólo podemos ser muy estrictos, solicitando estudios ambientales o de vialidad”, expresó Luis Araya, jefe de Desarrollo Urbano de Escazú.
Aprobación demorada
Segura y Araya coincidieron en la urgencia de un plan regulador para el cantón. Por qué no ha sido aprobado es más de índole política que técnica, dijo Araya.
Y es que, pese a la urgencia, el proceso de aprobación suma seis años. Desde 1998, la municipalidad cuenta con una propuesta de plan regulador, elaborada por geógrafos de la Universidad Nacional (UNA) ante solicitud del gobierno local de entonces.
Según explicó el arquitecto Jesús Flores, participante en la elaboración de aquel plan, este fue revisado por la nueva administración, que en 2000 presentó una nueva propuesta.
Ambos planes merecieron una fuerte oposición comunal, recordó Segura, pues definían para el sector rural del cantón una densidad de población tan baja que “hubiera sido necesario despoblar los cerros de Escazú”.
Por ello, en 2002, una nueva administración inició la elaboración de un tercer plan, en colaboración con el Instituto de Vivienda y Urbanismo.
No obstante, incluso ese plan es parcial, dijo Segura, pues “el área rural requiere de mayor estudio”. En cambio, sí será regulada la zona de mayor demanda urbanística (Escazú y San Rafael).
Eso arroja la duda de por qué no se aprobó un plan “parcial” desde la administración anterior.
Durante la espera
La demora con el plan abrió el portillo a construcciones que, de existir una norma, no habrían sido permitidas.
Por ejemplo, según el plan por aprobar, en sectores como Jaboncillo o Los Laureles no deberían existir condominios. Sin embargo, cinco están en proceso de construcción, y entre los anteproyectos hay dos torres de 16 pisos.
Según explicó Flores, la principal objeción a los condominios es la densidad demográfica. “El agua ya escasea en algunos sectores de Escazú, y la mayoría de las vías son inadecuadas para un alto tránsito vehicular”, manifestó.
A la densidad poblacional se suman las características del suelo escazuceño. Según confirmó el geógrafo Nelson Arroyo, también de la UNA, ríos como el San Rafael tienen un historial de desbordes, y se han construido residenciales en su ribera.
A ello se añade la fragilidad de suelos y pendientes. Según Arroyo, lo confirma el derrumbe ocurrido en noviembre en el terreno colindante al futuro Hipermás.
Según agregó, en la propuesta de 1998 se indicaba que este sector no era apto para la construcción.