Después de cinco meses de trabajos y una inversión de ¢20 millones, el Monumento Nacional pasó de ser una obra corroída, verdosa, oxidada y poco atractiva a convertirse en un símbolo limpio, negro brillante y esplendoroso, parecido al que develaron los costarricenses el 15 de setiembre de 1895.
Y es que ayer el ministro de Cultura, Enrique Granados, y el Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural recibieron la obra completamente restaurada de manos de José Antonio Martínez, director técnico de la labor, y la empresa Renoir S. A.
"Va a abrir los ojos de todos los costarricenses... Este es un trabajo hecho con gran profesionalismo", dijo Granados con su vozarrón de cantante.
La actividad se realizó en el Parque Nacional, donde está ubicado ese conjunto escultórico, homenaje a la Campaña Nacional de 1856 y 1857, creado por el francés Louis Carrier Belleuse.
"Esta es la restauración una gestada desde 1998 del monumento más importante de Costa Rica.
Es la primera vez que se atiende científicamente", aseguró Sandra Quirós, directora del Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural.
¿En qué consistió la restauración? En remediar una serie de graves problemas que atacaban al monumento, entre ellos: el "cáncer" corrosión verde que se estaba comiendo las siete figuras del conjunto que llenó de pequeños agujeritos el metal, el óxido de las platinas que lo manchó y las grietas.
Es más, durante ese proceso se descubrieron los nombres de tres personas que intervinieron en la elaboración de la obra y cuyos nombres no figuran en ningún texto, expresó el director técnico.
Así está
Ahora, el Monumento Nacional luce negro brillante y se notan los detalles de las siete figuras cinco amazonas que representan a los países centroamericanos, William Walker y un soldado caído y de las placas laterales del pedestal.
¿Se pintó? No, jamás. Según explicó José Antonio Martínez, lo que se hizo fue, de forma resumida, una limpieza profunda manual, mecánica y química, una estabilización interna y externa para detener la corrosión, la soldadura de algunos puntos para asegurar estructuralmente la obra y la regeneración de la pátina negra original con el uso de calor y productos químicos.
Una de las figuras tenía dos lanzas, desaparecidas entre 1995 y 1999, las cuales debieron ser repuestas con unas nuevas de punta de bronce y cuerpo de cobre. Además, se le colocó la culata guardada en el Museo Nacional al rifle de William Walker y se le completó el asta al pabellón nacional.
Se destaparon los desagües originales, se consolidó la piedra y hasta se fumigó el pedestal para eliminar los nidos de hormigas dentro del monumento.
"Hubo un detalle curioso. Se le sacaron 178 pedazos de clavos que ponían en actividades especiales y se le rellenaron varios agujeros que se le hacían al colocar ofrendas florales", detalló Martínez.
Martínez y la empresa Renoir dejaron un manual de mantenimiento de la obra: limpiarla antes y después de las lluvias y evitar que la gente se suba, entre otros detalles.
Ahora falta que el Centro de Patrimonio y la Municipalidad de San José definan cuándo y quién se encargará del cuido de ese símbolo.