El dolor que provoca el ataque de un perro enfurecido se extiende indefinidamente en el tiempo en forma de insomnio, pesadillas, tristeza, impotencia, desesperanza...
La lista de males se resume en dos palabras: otra vida.
Los padres de una pequeña muerta hace más de dos meses por un rottweiler en Potrero Cerrado de Oreamuno, Cartago, aún viven en el pasado.
Y un jardinero de 64 años atacado por un pitbull en Carrillos de Poás hace poco más de un mes solo ve un futuro incierto pues no puede trabajar.
"En los siguientes 22 días tras el incidente mi esposa y yo no dormimos nada. Mi esposa (Lidia Fonseca) lloraba toda la noche", recordó con palabras entrecortadas Luis Asenjo Quirós.
¥¥Él es el padre de María José, quien con cinco años de edad murió debido a las mordeduras de un rottweiler el 31 de julio anterior, cerca de su casa, en Oreamuno.
María José pasaba con su hermana Karla frente a la vivienda de recreo de un hombre de apellido Granados, cuando el perro, al cual conocían desde hacía más de un año, se abalanzó sobre ellas.
Karla, de 14 años, resultó con lesiones graves y estuvo nueve días internada en el hospital Max Peralta, de Cartago.
Karla aún se despierta en las noches con pesadillas, contaron sus padres.
"Solo vi que la golpeaba (a María José) y la hacía como una muñeca de trapo. La alzaba y ella caía", narró el día del percance su primo Olier Asenjo.
Con ayuda de otros hombres, Olier logró arrebatarle la niña al can enfurecido.
"La noche antes del incidente, mi chiquita me dio un pedazo de hamburguesa, me abrazó y me dijo: ëte quiero mucho papáí, y luego se acostó. Era como una despedida", expresó el padre con voz queda.
Pese a que el Patronato Nacional de la Infancia (PANI) le ofreció ayuda psicológica y legal, la familia Asenjo Fonseca no la aceptó, aunque sí recibe terapia privada.
Tampoco aceptó dinero del dueño del perro. "¿Para qué plata? ¡A mi niña quién me la devuelve!", balbuceó don Luis.
El padre de la víctima aún se encarga de la vigilancia de la vivienda donde estaba el perro sacrificado dos semanas después del ataque. Su esposa, en cambio, no volvió a pasar por allí.
Aunque la familia no presentó cargos penales contra el dueño del animal, a quien don Luis cuida la finca en Potrero Cerrado, la fiscalía sí lo hizo, pero el Juzgado Penal de Cartago desestimó la causa el 27 de agosto pasado.
Incapacitado
El 29 de agosto último un perro pitbull se lanzó contra el jornalero Francisco Paniagua Hernández en Carrillos de Poás, Alajuela, y estuvo a punto de quitarle la vida.
El ataque ocurrió en la vivienda de un estadounidense donde Paniagua realizaba labores de jardinería.
Era el primer día que iba a laborar en ese lugar.
Estaba solo y cuando fue a guardar las herramientas el can lo atacó y lo mordió en los brazos, una pierna y el abdomen.
Padre de dos estudiantes de 11 y 15 años, don Francisco no ha podido volver a trabajar y tampoco recibe una pensión.
Impaciente ante su suerte, asegura que en enero volverá a cortar caña para llevar el sustento a su hogar, pese a que los médicos le advirtieron que no debe hacerlo.
"El doctor le ordenó tener reposo, no exponerse al sol o realizar trabajos pesados" porque perdió mucha sangre, dijo su esposa, Otilia Salas Cambronero.