
El dolor por la muerte de un ser querido puede incrementarse si, además, se enfrenta la congoja de no encontrar un espacio para enterrarlo.
Adquirir un derecho en un camposanto en determinados cantones podría ser tarea imposible.
Muchos de los cementerios del país ya no tienen tumbas, mientras que otros han sido ampliados para satisfacer, de forma parcial, la creciente demanda.
Entre los camposantos donde no hay espacio están los de Moravia, Montes de Oca, Tibás, Vázquez de Coronado, Aserrí, Desamparados, Palmares, Grecia, algunos de San José y otros de Cartago.
Mientras, varios cementerios han sido ampliados, como los de Alajuela, Goicoechea y Limón.
Ante esto, quienes no han adquirido un derecho tienen que alquilar un nicho, pedir uno prestado o buscar otro cementerio para sepultar a sus seres queridos, aunque sea en otro cantón.
Sin cupo
Jorge Alberto Quirós, vecino de San Isidro de Coronado –San José–, no tuvo otra opción que arrendar un nicho municipal para sepultar a un familiar, aunque en cinco años tendrá que sacar los restos y llevarlos a otra parte, pues el alquiler no es renovable.
“Nunca me preocupé por adquirir un nicho, pero con la muerte de un familiar –hace un mes– pregunté en la Municipalidad de Coronado cómo podía comprar un derecho y me dijeron que no hay campos disponibles”, dijo Quirós.
Max Ortega, de la Municipalidad de Vázquez de Coronado, precisó que en 1997 se vendieron las últimas tumbas.
“Este año solo podemos alquilar cinco nichos, no hay más, por lo que la prioridad son las personas que viven en el cantón”, agregó Ortega.
Según el funcionario, existen pocas posibilidades de que el ayuntamiento construya un nuevo camposanto.
“En el sector este del cantón no podemos porque están los mantos acuíferos, al norte se encuentra el río Virilla y varias urbanizaciones y en la parte sur tampoco se puede porque pasa el río Ipís.
“Donde se podría construir es en San Antonio, pero el terreno es demasiado caro (entre ¢30.000 y ¢35.000 el metro cuadrado) y así no podríamos ayudar a las personas”, advirtió el funcionario.
Los vecinos de Desamparados enfrentan un panorama similar.
Aquilino Hernández, encargado del cementerio, advirtió que la vida útil terminó en 1998.
“El cantón está muy poblado y solo disponemos de 900 nichos que se alquilan por cinco años. Ahora se pueden renovar, pero hay un proyecto para no hacerlo porque casi siempre pasan ocupados”, declaró.
Según Hernández, el municipio desamparadeño proyecta comprar un terreno para construir un nuevo camposanto, pero apenas se cubriría el 30 por ciento del faltante de tumbas.
En Montes de Oca también se agotó el espacio en los tres cementerios, al igual que en los camposantos Obrero y General –San José– y en el de San Juan de Tibás.
Quienes solo pueden alquilar un nicho deben pagar entre ¢6.000 y ¢50.000, y mantener los restos durante cinco años.
Pocas opciones
La Junta de Protección Social de Alajuela inauguró el año pasado un nuevo camposanto, que tiene una vida útil de 10 años, pues el cementerio General no tiene espacio, confirmó la administradora Dinia Castro Solís.
En la ciudad de Limón también quedan algunas hectáreas de terreno disponibles porque se amplió el camposanto.
Mientras que en Palmares –Alajuela– la Municipalidad adquirió un terreno, pero todavía debe obtener los permisos para que funcione como cementerio. En ese cantón el camposanto actual no tiene espacio.
Otro lugar donde todavía quedan espacios es en San José, en los cementerios administrados por el ayuntamiento.
Wálter Fernández, subdirector administrativo de ese municipio, explicó que quedan tumbas disponibles en La Uruca, Pavas, San Sebastián y Zapote.
“La demanda de nosotros no es tan alta como en otros lugares, posiblemente porque San José se ha vuelto una ciudad con pocos residentes, y también porque muchos han optado por el servicio privado”, consideró Fernández.
Por ejemplo, en el cementerio de Pavas durante el año anterior solo se realizaron 59 entierros.
El precio de una tumba de dos nichos puede valer unos ¢300.000, más los gastos de mantenimiento.
Otra opción es el servicio privado o la incineración de los restos, pero esto último solo se realiza en el cementerio Jardines del Recuerdo, en Barreal de Heredia.
Según John Álex Jiménez, gerente de ese camposanto, del total de funerales que ellos realizan solo un 12,5 por ciento de los clientes optan por la incineración.
“La cremación resuelve problemas de espacio y salud, especialmente en el caso de muertes por enfermedades de alto contagio, pero la gente la prefiere poco, por una cuestión cultural”, explicó Jiménez.
El costo por incinerar un cuerpo es de ¢432.000.
El Ministerio de Salud admitió desconocer el número de tumbas en el país; tampoco los cementerios que ya no tienen espacio.
Colaboraron los corresponsales Fernando Gutiérrez, Israel Oconitrillo, Kalina Quirós, Jorge Esquivel, Carlos Hernández y Hárold Brenes.